Yo dudé si vacunar a mis hijos por buscar demasiado en internet

Llevo varios días leyendo en internet sobre el tema de las vacunas gracias a un post que sacó Lucía, mi pediatra y la repercusión que ha tenido en Facebook, Twitter y otras redes sociales por una persona anti-vacunas.
Te dejo la imagen de la captura de pantalla que hizo Lucía, para que puedas leer un poquito lo que pasó. Por protección de datos, he retirado los apellidos de la persona que respondió al comentario, con el fin de no difundir datos personales a través de mi blog.

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El post de hoy va sobre las dudas con el tema de las vacunas. Porque yo también dudé. Sí, yo lo hice. Y, si estás dudando, quizá sea bueno que leas mi experiencia y lo que hizo que me decantara hacia un lado de la balanza.

Álvaro era pequeño, muy pequeño, y había que vacunarlo. La primera vez que fuimos a la vacuna tenía dos meses. Yo no estaba preparada para escucharlo llorar. Pero también sé que después de tener tres hijos, nunca estoy preparada para escucharlos llorar así.

Ese llanto me hizo pensar: “si es por su bien, ¿por qué llora tanto?”. La poca delicadeza del personal sanitario no hizo que la cosa mejorase en las siguientes vacunas. Y, con ello, mi agitación mental cada vez que protestaba ante la vacuna.

strong>Nunca le dio reacción, eso es cierto. Salvo el llanto propio del pinchazo, de ese dolor por la aguja -que a todos nos molesta- y que les suele pillar por sorpresa y agarrados por sus padres, nunca tuvo más consecuencias.

Entonces llegó Diego y, con él, nuevas agitaciones. “¿Cómo vivirían en el siglo V?” -me preguntaba. “Dios mío, esto no es natural” -me decía a mí misma. “Anda que como les pase algo por vacunarles” -me agobiaba yo solita.

Entonces fui a un evento en Granada y me encontré con Lucía Galán –Lucía, mi pediatra-. Hablé con ella en el descanso y le expuse mis preocupaciones, como madre, como persona que quiere cuidar y proteger a su familia.

Y ella, pacientemente, me escuchó, me sostuvo con su sonrisa y me dijo: “En el siglo XV morían muchos niños. Y en el siglo XXI, hay lugares en el mundo donde las madres recorren kilómetros para vacunar a sus hijos y darles así una oportunidad para sobrevivir. Tú las tienes todas en el centro de salud, pero es una decisión muy personal”.

Lucía no se caracteriza por ser una mujer sectaria, ni mucho menos. Es una mujer médica, especialista en pediatría, científica y, como tal, hace las recomendaciones propias que hacen los organismos competentes.

A mí me removieron sus palabras y, a pesar de que mis hijos llevaban el calendario al día, dejé de pensar que lloraban en las vacunas porque no era algo natural. Lloraban porque duele el pinchazo, simplemente. Pero más me dolería -a mí y a ellos- que tuvieran una enfermedad o que fallecieran por una irresponsabilidad mía.

Sé que las creencias hacen que los padres tomemos unas decisiones u otras. Sé que no es justo juzgar. Pero si los profesionales son los médicos y lleva tanto tiempo de investigación y pruebas sacar una vacuna al mercado, si a lo largo de los años se ha ido viendo como la mortalidad ha descendido, especialmente entre los grupos de mayor riesgo como son los niños y los ancianos, yo no puedo poner en tela de juicio a los profesionales de la salud.

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Los habrá con más empatía y tacto a la hora de enfrentarse a las dudas que tengamos los padres, a los giros inesperados de los niños cuando los van a vacunar, a tener más paciencia -o tiempo- cuando nos dan indicaciones, pero no creo que se vendan a una industria sin más.

Dudar de ellos, de los médicos, no me parece justo. Dedican muchos años al estudio para salvar vidas. ¿A quién recurrimos cuando pasan cosas graves? A ellos. Y están. Siempre

Nosotros esta Navidad, con Lucía ingresada, lo vimos claro “está en las mejores manos”. Y no era nada en comparación con las enfermedades que estaban erradicadas y que están volviendo a surgir.

Y, además, creo que, ya que vivimos en un mundo de contacto continuo, es justo tener una conciencia social buscando lo mejor para todos. Me explico:

Mis hijos llevan el calendario al día, pero Lucía tiene seis meses. Si Álvaro del cole me trae un virus -llevamos tooooodo el curso así-, es posible que se lo contagie a su hermana. ¿Y si aún no está vacunada de eso? Eso me da miedo. Me da miedo que, por culpa de creencias basadas en complots y búsquedas en el Doctor Google, lo paguen inocentes que, además, están vacunados para proteger su salud y también la del resto de personas que están a su alrededor.

Días antes de Semana Santa, Álvaro trajo un virus del cole muy típico en los niños: infección respiratoria vías altas. Mocos, tos y fiebre. Él con el paracetamol estaba estupendo, aunque no quiso ir a fútbol -y esto es determinante para saber lo malo que está-.

Yo temblaba pensando en Lucía. Además, mi abuela estaba en casa pasando unos días. Una mañana, mi abuela se levantó y dijo que no se encontraba muy bien. Lucía también había empezado con mocos y tos.

En cuestión de horas nos tuvimos que ir con Lucía. Diagnóstico: bronquiolitis nuevamente. Y broncodilatador para no dejarla ingresada. Afortunadamente ya no tenía el mes y medio que la hizo quedarse en el hospital en Navidad.

Y mi abuela, bronquitis. No os voy a contar cómo ha estado porque ayer mismo me decía “he estado mal, mal. Y, cada vez que tosía, me acordaba de Lucía, pobrecita”.

Si hubiera una vacuna para la bronquiolitis, se la pondría.

Y eso no quiere decir que no luche -con mis posibilidades- para que las vacunas sean financiadas, todas y cada una de ellas- y no supongan un gasto para las familias. Porque creo que la salud es un derecho para todos, no para aquellos que tengan posibilidades económicas.

Así que, a Lucía y a todos los pediatras y médicos que nos atendéis y que buscáis cuidarnos, gracias. Desde aquí todo mi apoyo.

Yo dudé sobre las vacunas. Me da vergüenza reconocerlo, pero dudé. Las teorías conspiratorias son tentadoras después de leer El código Da Vinci. Pero Lucía, con su tranquilidad y claridad de mente, me abrió la mía y le estaré siempre agradecida por no juzgarme y por ayudarme a entender la suerte que tenemos de poder proteger a nuestros hijos sólo con un pinchazo.

#LasVacunasSalvanVidas

Ely

Ely

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Deja un comentario en: “Yo dudé si vacunar a mis hijos por buscar demasiado en internet

  • 29/04/2017 en 18:12
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    Yo no dudo de la buena fé de Lucía pero si que dudo y mucho de la eficacia y la necesidad de la Bexsero, porque han sacado una vacuna sin tener resultados concluyentes de su efectividad y no se sabe que efectos secundarios puede tener a largo plazo todo esto para una enfermedad con una incidencia en la población casi inexistente pero que se le ha dado tanto bombo que los padres van acojonados a comprarla al extranjero… Quiero decir ¿vacunamos del cólera por si acaso? ¿Volvemos a poner la de la viruela no sea que vuelva a aparecer? Así que esa yo no se la he puesto, todas las demás si.

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