Reflexión

Un momento de relax

A veces el ritmo de vida es tan intenso, tan caótico que nos dejamos llevar por los relojes sin que nos dé tiempo a pensar durante un segundo en qué se nos está yendo la vida y por qué tenemos tanto estrés. Y os lo digo yo que estoy en casa con dos niños y una perra… pero observo a gente a mi alrededor que tiene niños, casa, trabajo; ¡siempre tienen tanto que hacer! y, de verdad, pienso que todos merecemos tener un momento de relax.

No os estoy hablando de un fin de semana sin niños (¡que no lo quiero ni regalado! ¡Sin mis hijos, no!). Os hablo de un rato en el que estemos desconectados de todo (móviles, televisión, ordenadores…) y podamos estar tranquilos con nosotros mismos, con música tranquila, un té que nos relaje, quizá un baño de agua caliente con la luz de una vela…
Muchos leerán estas letras y pensarán que esto es una utopía porque teniendo niños no se tiene un minuto libre pero no tiene porqué ser así. Es verdad que siempre tenemos muchas cosas que hacer. Cuando no es el trabajo es la casa, sino todo a la vez, los niños, la comida, la ropa… ¡No tenemos tiempo para nada! O tenemos tiempo y lo empleamos en otras cosas, que también puede ser. 
No creo que sea complicado (y tengo dos niños pequeños) buscar un rato, aunque sean cinco minutos para disfrutar de un café, de una canción, de un buen libro… a veces estar bien con uno mismo es lo que nos capacita para estar bien con el resto, ser más receptivo y que luego los niños, la casa o el trabajo no nos saque de quicio.
Todos sabemos que hacer deporte es algo positivo para nuestro cuerpo, nos mantiene en forma, liberamos endorfinas, nos sentimos mejor con nosotros mismos. Pues si dedicamos 10 minutos al día, por ejemplo, al cuerpo con ejercicio físico; ¿por qué no emplear 5 en estar relajados para que nuestra mente se tranquilice? 
Buscar el momento no será sencillo. En mi caso, con Álvaro de dos años y Diego de cuatro meses y medio, no siempre es fácil. Es raro que coincidan en la siesta de después de comer. Lo normal es que cuando el pequeño se despierta, el mayor se duerme y luego al revés… ¡Y así es imposible hacer cosas de la casa, recoger la mesa, meter la ropa de la lavadora en la secadora…! Pero el día que coinciden, está claro: ¡ese rato es mío! Infusión y al ordenador a escribir sobre algo que me apetezca, que me preocupe, que quiera compartir… Si no, un rato de silencio, de leer (ebook en el móvil porque con un bebé en brazos lo del libro y usar las dos manos es más difícil), de hacer algo que sea para estar tranquila y bien.
Ahora que le han regalado a mi marido un juego de tés estamos encantados. Llevo dos días tomándome uno después de comer y es un rato tan placentero que os lo recomiendo a todos. Al terminar de comer, recojo lo que puedo (llevo al peque en brazos), pongo el hervidor de agua y pongo el té en el filtro. Cojo una taza bonita (cuidando los pequeños detalles ;D), pongo el filtro y estevia (edulcorante de origen vegetal). Cuando el agua está en su punto, la pongo en la taza y espero los minutos que marca el té. Puedo sentarme en el sofá con Diego entre mis brazos dormido o estar en la mesa con el ordenador encendido, buscando información o alguna canción para el coche. Miro la taza de té y me acuerdo de mi intención primera: tener un momento de relax para mí, así que hay que aprovechar esos minutos y desconecto.
Y ahí están el silencio, un té calentito y yo conmigo misma. 
La entrada de hoy termina aquí. Os deseo un feliz fin de semana y espero que encontréis un momento de relax para disfrutarlo solos o en buena compañía.

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