Hoy reflexionamos

Un día conmigo


Aprovechando el título del cuento del que hice la reseña ayer “Un día conmigo“, hoy os voy a contar nuestro día del martes de esta semana. Evidentemente no puedo escribir cada día con lo que hacemos, porque hay días que quizá sean más monótonos, pero hay otros que merecen la pena ser recordados en la posteridad. 
Y es uno de los motivos que me están llevando a escribir este post. Quiero que, dentro de unos años, Álvaro y Diego, puedan leer lo que hacía su madre con ellos cuando eran pequeños. Pues bien, aquí va nuestro martes.
Como cada día, nos levantamos, desayunamos, me ducho, nos vestimos y recogemos un poco la casa. Normalmente cuando llega la hora de dormir, tiene prioridad que nos vayamos a descansar. Total, tenemos todo el día siguiente para seguir jugando, recogiendo, sacando juguetes, etc.
El martes estuvo lloviendo desde bien temprano. Sin embargo, a eso de las 11:15h dejó de llover y comenzó a despejarse el cielo. Al rato vi que salía el sol y decidí que podríamos recoger otro momento en el que estuviera lloviendo pero que debíamos aprovechar esos rayos de sol sin tardar. 
 Así que nos pusimos el abrigo, cogimos la bici, me puse a Diego en la mochila portabebés y salimos a la explanada que está cerca de casa. Por supuesto nuestra amiga Tiza no faltó a nuestra excursión. 
Caminaba tranquila con Diego en la marsupi mientras llevaba cerca a Álvaro, que iba disfrutando de su recién estrenada bici que le regalamos su padre y yo por su cumpleaños el pasado 2 de octubre. Por supuesto, iba con su casco puesto. Llegamos a la explanada y Álvaro estuvo montando en bici un rato. Luego, decidió dejarla aparcada a un lado y continuar su mañana deportiva haciendo atletismo. Y es que, a mi hijo, desde que aprendió a andar, le encanta correr. Corre todo el día, para todo. Y le encanta. 
Así que empezó a correr y la perra con él. Y yo no pude hacer otra cosa más que hacerles una fotografía para que recuerden el momento. Me gusta la complicidad que tienen los dos. Espero que, cuando Diego sea más mayor, logre tener la misma relación con Tiza. Y, por supuesto, con su hermano.
Cuando nos cansamos de correr y de la bici, mi hijo decidió saltar charcos, pero sin sus botas de agua. Así que llegamos a casa con los pantalones, calcetines y deportivas caladas. Pero bueno, se es niño sólo una vez, así que nos cambiamos la ropa y comimos.
Álvaro se echa normalmente una siesta de dos horas. Después merendamos juntos. Si ya ha llegado su padre, lo hacemos los tres. Si no, pues nosotros dos. Y luego nos vamos, nuevamente con Tiza, con Diego en la marsupi, la bici, el casco, las botas de agua en una bolsa (más vale prevenir), el balón de futbol y una botella de agua al campo.

 Y, el martes me tocó jugar al futbol con él, mientras Diego dormía plácidamente en la mochila y Tiza corría como una loca por el campo. Como veis, no paramos demasiado pero tenemos que disfrutar cada instante juntos porque el tiempo pasa muy deprisa y, cuando nos queramos dar cuenta, Álvaro tendrá tres, cuatro, cinco años… Y Diego, igual. Por eso cada etapa hay que vivirla al máximo.
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