Hoy reflexionamos

¿Te arrepientes de ser madre?

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Madre no hay más que una”, dice el refrán, pero eso ya no está de moda. No os hablo de esas madres que anteponían todo para el bienestar de sus hijos, que dejaban su vida de lado resignadas y que, antes o después, les escuchabas decir “con todo lo que he hecho por ellos”. Tampoco hablo de esas otras que quieren desmitificar la maternidad a golpe de exclusivas o libros en el que hablan de la poca “calidad de vida” que tienen desde que son madres…

Madre es un título que recibes el día que, bajo mi opinión, conoces que estás embarazada por primera vez. Yo fui madre el día que supe que un ser crecía en mis entrañas. El día que pude cogerlo en brazos fui madre según el registro y demás papeles burocráticos; pero amarlo, lo amé desde antes de verlo en directo.

Madre es una palabra que engloba a dos seres que crecemos juntos: la mujer y el niño. Sin uno el otro no existiría y viceversa.

Soy madre gracias a mis hijos. Y mis hijos son, gracias a mi (y a su padre, que siempre está presente).

Y desde que nació Lucía, ya como trimadre o madre de familia numerosa, son muchos los momentos en los que me acuerdo de mi madre, con su paciencia, su sonrisa infinita, su amor siempre presente… ¿Era perfecta? ¡Para mí sí! Siempre alentándonos a conseguir nuestros objetivos, siempre prudente, siempre dispuesta a acudir a tu llamada, pero respetando tu espacio mientras ibas aprendiendo el arte de volar…

Y es que la vida es eso, aprender el arte de volar y continuar tu vuelo.

Y, a veces, me pongo la canción de Perales, “La madre” y me acuerdo de la mía, de mi suegra, de mi abuela… ¿la habéis oído alguna vez?

Ellos se van,
como siempre se van,
y tú
te quedas como siempre
recogiendo los cubiertos
y el mantel, del comedor.
Y te rebelas
cuando miras
el desorden
que dejaron al partir, los niños.

Los niños,
que un día cambiarán
de casa y de mantel,
cuando aprendan el arte de volar,
cuando se haya escapado su niñez.
Y te visitarán por Navidad,
si es que les queda tiempo.

Los niños,
que hoy lanzan el balón
y rompen un cristal,
y juegan a piratas de salón,
y llenan con sus gritos el portal,
y lanzan sus cometas de papel
en medio de la calle.

Todos se van,
como siempre se van,
y tú,
te quedas como siempre
recordando su niñez
tras el cristal del comedor.
Luego te quedas en silencio
y recuerdas
junto al fuego del hogar,
los niños.

Los niños,
que nunca volverán,
que nunca volverán,
a ser esos piratas de salón,
ni llenarán de gritos el portal,
ni lanzarán cometas de papel,
en medio de la calle.

Los niños,
que un día cambiarán
de casa y de mantel,
cuando aprendan el arte de volar,
cuando se haya escapado su niñez.
Y te visitarán por Navidad,
si es que les queda tiempo.

Cuando aprendan el arte de volar,
cuando se haya escapado su niñez.
Y te visitarán por Navidad,
si es que les queda tiempo.

Y recuerdo que hace nada era yo la niña, la que jugaba “a piratas de salón”, llenaba de “gritos el portal”… Y, de verdad, es que eso fue hace nada. Hace nada estaba jugando con muñecas y hoy tengo tres hijos. Hace nada que estudiaba primero de la ESO y hoy llevo a mi hijo al colegio cada día.

La vida pasa, día a día, es verdad, pero pasa. Como dice Bei, “los días son largos, pero los años son cortos”. Desde que soy madre el tiempo tiene otra velocidad. Ellos llenan mis días (y mis noches).

A veces, son días geniales, maravillosos, creativos… Otros son largos, duros, que ponen a prueba mi paciencia, mi calma y mi salud mental. Pero no me he arrepentido nunca de tenerlos.

Mi vida sin hijos era diferentes, sí. Tenía momentos de lectura en silencio, momentos de baños relajantes, de ir a la peluquería, de salir al cine, a pasear o de compras…

Ahora mis días giran en torno a estos tres pequeños que me descubren cada día un aspecto de mí. Que me han enseñado la fortaleza física y mental que tengo a pesar de dormir poco. Que me han enseñado a cocinar, a pensar y buscar recetas chulas, a innovar en la casa, a tener colores más que alegres en el salón decorando cada estante, a valorar el poder de una sonrisa y a sostener a los niños cuando no saben bien qué les pasa…

Ser madre no es fácil. No siempre. Hay veces que es maravilloso y otras que cogería un vuelo al Caribe. Pero, ¿sabéis qué? Que es algo que no cambiaría nunca.

Yo (y mi marido) decidimos dar un paso más en nuestra vida y nuestra relación. Y por eso tuvimos hijos. No habrá sido tan malo cuando llevamos tres y no descartamos tener más (no sé cuándo, pero igual otro cae).

Me gusta dar vida, me gusta haber salido de mi egocentrismo propio del ser humano. Siempre hablamos de que los niños, hasta los 4-5-6 años son egocéntricos por naturaleza y que, poco a poco, van saliendo del egocentrismo. ¡Mentira! Somos egocéntricos hasta que somos padres y es entonces cuando (no todos, conste) pensamos antes en el bienestar de otra persona, cambiamos de prioridades y aprendemos a valorar la calidad frente a la cantidad, en todo.

Mis hijos me han hecho el regalo más grande: la inmortalidad. Cuando yo no esté y mi cuerpo haya dejado de tener vida, seguiré viva. Seguiré viva en ellos, gracias a su memoria, y también en sus células, y en las de mis nietos, bisnietos… porque desde que soy madre sé que, como dice mi suegro, “todos hemos participado”.

¡Feliz día y felices maternidades, paternidades e hijiedades (que hay algunos hijos que tendrán que leer unas burradas de sus padres, que vaya chasco se van a llevar cuando descubran que las personas que más debían de quererlos son los que los han tachado de borrones de su vida)!

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5 Comentarios

  • Reply
    Mireia
    01/02/2017 at 14:44

    OLE. No hay mejores palabras.

  • Reply
    laura valle molinuevo
    01/02/2017 at 15:10

    Completamente de acuerdo, de principio a fin. Y me quedo con eso del egocentrismo. La mayoría de las personas son egocéntricas hasta que son padres. Gracias por escribirlo tan bien… y por la canción, que no conocía.

  • Reply
    Papás casi primerizos
    02/02/2017 at 11:09

    Me ha gustado mucho!! Yo la verdad no lo cambio por nada del mundo, y tampoco descarto cuando mi pequeño satélite sea un poco más independiente de ir a por el tercero, aunque ya se verá. Para mí ser madre es lo más grande que me ha pasado en la vida, es un amor que no se puede explicar. Enhorabuena por la entrada, me ha encantado

  • Reply
    Alejandra
    02/02/2017 at 13:09

    Genial Ely. De acuerdo en todo. Lo del egocentrismo no lo había visto así y tienes toda la razón. Yo no me arrepentimiento jamás de ser madre aunque haya días menos fáciles. Y el haber sido madre joven para muchos es el fin de una vida independiente pero para mí ha sido la mejor decisión que pudimos tomar. Todo toma otro color

  • Reply
    Susana
    02/02/2017 at 22:43

    Todos somos libres de elegir lo que nos llena en la vida, yo no tengo ni quiero tener hijos porque no siento esa necesidad, creo que es una decisión libre de cada uno y no es mejor persona el que tiene hijos, lo del egocentrismo conozco gente con hijos que son egocentristas y yo no me considero egocentrista x no tener hijos, de hecho muchas veces se que de buena tonta porque das das y luego los demas van a lo suyo, no lo digo yo, me lo dice la gente que me han hecho abrir los ojos

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