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Entrevista Libros

Entrevistamos a Ruth Cañadas, autora de “Manos que cuentan”
{con sorteo}

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Hace unos días os contaba que había descubierto el nuevo curso de la Escuela Bitácoras sobre Lengua de Signos con bebés y que estaba muy ilusionada con empezarlo con Lucía.

También os comenté que pronto tendríamos a Ruth en el blog y, ¡aquí está! No se ha hecho esperar y me hace muy feliz que haya pasado un ratito con nosotros para que la conozcamos más, enseñarnos cómo nació Otatana, sus talleres, su libro, etcétera. Además, este post trae sorteo al final, así que es doblemente interesante 😉 Leer más »

Crianza Embarazo

Silla de paseo Greentom Upp Reversible

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¡Buenos días! Hace ya un tiempo os contaba que los pajes reales habían pasado por casa justo a tiempo para que Lucía pudiera tener su silla de paseo para estrenar. Lo cierto es que siendo porteadores ambos papis no teníamos claro que quisiéramos una silla y, claro, menos aún, gastarnos un dineral en una silla para ocasiones contadas. Leer más »

Viajes

Mi experiencia con Cabify baby

Cabify

Faltaba más de una semana para la charla de lactancia en la que iba a colaborar en la Universidad Complutense de Madrid, cuando Madresfera me comunicó que había sido seleccionada para probar el nuevo servicio de Cabify baby, así que podía contar con una ayuda a la hora de moverme por Madrid con Lucía sin coche ni transporte público. Leer más »

Libros Salud

Bebés en movimiento, un libro imprescindible para entender y respetar el movimiento del bebé

Portada Libro BEM

Ya hemos tenido en el blog a Lorena en otras ocasiones para hablarnos de hipopresivos y de FisioByM, ¿os acordáis de ella? Pues ahora tiene novedades para contarnos porque, junto a Maria del Mar, han escrito Bebés en movimiento, un libro indispensable para entender los movimientos del bebé, su desarrollo, y así acompañarlo de forma respetuosa. Vamos a entrevistarlas y luego os cuento cómo podemos ayudarlas y tener su libro en casa. Leer más »

Reflexión

Una prolongación de mí misma

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Desde que soy madre  me he dado cuenta de que yo soy yo y también un poco de ellos. Y no me refiero solo al hecho de que están hechos de mis células; sino que ellos, durante un tiempo, al menos, se sienten como una prolongación de mí misma.

Creo que a todas nos ha pasado en algún momento: estamos cansadas tras el parto, intentando adaptarnos a nuestro hijo, a la nueva realidad, con miles de llamadas y visitas, ropa que se acumula en el cesto, y en la lavadora, y en la secadora, y en el tendedero, y con sueño, angustia…y, no sabemos por qué pero nuestro hijo llora y no parece tener consuelo. Y, aunque parezca mentira, esas lagrimas son causadas por nuestro estrés y angustia. El bebe exterioriza lo que la madre, quizá por parecer una súper-woman, quizá por presiones familiares (la depresión post-parto está muy mal vista), no puede.

 

¿Y esto por qué ocurre? Dicen los antropólogos que hace muchos años, cuando el primer homínido aún no se había puesto en pie, nuestros embarazos duraban más tiempo. Teniendo en cuenta que somos la única especie mamífera que tarda entre 9 y 18 meses en ponerse de pie mientras el resto lo hace a los pocos minutos o un máximo de unos cuantos días y que el grado de dependencia que tenemos de nuestros padres no es tan rápido como el que quisiéramos, no es difícil llegar a la conclusión de que, si nuestros embarazos se vieron obligados a hacerse más cortos con el fin de que pudiera pasar la cabeza por un canal de parto más estrecho, el resto de “embarazo” lo tendrán que hacer fuera. Lo que se conoce como exogestacion.

 

¿Y todo esto a qué me lleva? Pues aunque pueda parecer muy simple, a mí me lleva a entender más y  mejor a mis hijos, y decidir qué tipo de crianza quiero con ellos. Teniendo en cuenta el periodo reducida de gestación intrauterina, entiendo que, mientras mis hijos tengan dos, tres, nueve meses me necesitan para seguir desarrollándose no solo físicamente, sino también psicológica y emocionalmente.

 

Tiempo tendrán de andar solos sin necesitarme. Tiempo tendrán de no mamar. Desde el instante en el que los cogí en mis brazos por primera vez quise acunarles, besarles, acariciarles… Han sido los únicos en conocerme desde dentro, han escuchado el ritmo de mi corazón, han bailado a mi son, han escuchado mis pensamientos y preocupaciones… y ahora, fuera, no saben lo que les espera. Necesitan tiempo para seguir madurando. Por Dios, si nacen sin ver y tardan meses en tener una nitidez total, cómo alejarme de ellos. Necesitan aprender, muy lentamente, que han sido un trozo de mí pero que ellos serán ellos mismos y no una prolongación de mi misma.

 

Poco a poco nos iremos alejando. Primero con el gateo, luego andando y luego a la carrera. Cada vez serán más autónomos e independientes. Necesitaran menos a mama y más a papá para jugar al balón, leer y reír. Y, sin duda, crecerán. Leerán ellos mismos, escribirán y pintaran. Serán capaces de vestirse, peinarse y se irán a la discoteca. Encontraran una pareja, o dos o tres. Llorarán y quizá nos necesiten, pero de otra manera. Estudiaran, aprobaran y suspenderán, y quizá nos vuelvan a necesitar, pero de otra manera.Tomarán decisiones sobre su vida, porque es su vida y no son prolongaciones de nosotros. Son ellos mismos. Nos necesitarán, pero de otra manera. Así que disfruto de estos instantes en los que Diego, como meses atrás hacia con Álvaro, está dormido en mis brazos. Lo miro, lo acuno y sonrío. Poco a poco no me necesitarás aunque siempre estaré ahí. Y ahora, que me necesitas, te doy lo que necesitas. Me quieres cerca, abrazándote, sintiendo mi olor, escuchando mi voz, recordándote que, una vez fuiste una prolongación de mí misma.

 

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