Reflexión

¿Qué hacía yo cuando mis hijos tenían seis días de vida?

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 Vaya por delante que cada madre puede hacer lo que considere que es mejor para su bebé. Y que el padre, igualmente, puede hacer lo que crea que es mejor. Son ellos los que decidirán qué hacer con sus hijos, al igual que en mi casa nosotros somos los que decidimos qué se ajusta más a nuestro estilo de crianza.

Pero hoy vengo con una polémica que salió hace unos días con Soraya y que seguro que todos conocéis. La conocida cantante fue madre recientemente y, a los seis días, se marchó con su marido, a cenar a un conocido restaurante para disfrutar de una velada en pareja. Las redes sociales empezaron a echar humo y ella entró al trapo en algunos comentarios.

Maternidades y paternidades hay para todos los gustos, eso es cierto. Y seguro que ella no dejó a su niña en manos de personas desconocidas o que no fueran de plena confianza para la pareja. Seguro que fueron dos horitas para cenar y ya está. Y si hubiera sido un fin de semana entero o un mes, tampoco es criticable, es cierto porque, como he dicho al principio: son ellos los padres y su bebé. El resto poco podemos decir.

Pero yo sí os quiero decir cómo me sentía yo a los seis días de haber parido a mis tres hijos para NO irme de cena a ningún sitio. Que también creo que es respetable.

Yo no me fui a los seis días -ni a los seis meses- por varios motivos:

  1. Mi primer hijo nació a término, todo salió bien, pero a mí me hicieron episotomía, así que a los seis días me tiraban los puntos y no sabía ni como sentarme.
  2. Con mi segundo hijo, no tuve episotomía, pero tenía tantas ganas de disfrutar de mi recién estrenada familia con dos hijos, que quería absorber cada instante con ellos.
  3. Con Lucía me estrenaba como trimadre y me molaba el asunto de saber cómo me las ingeniaría cuando no estuviera mi marido en casa, pero a los seis días, me encantaba poder hacer cosas los cinco juntos.

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Nunca he sentido la necesidad de tener esos “ratos de pareja” sin mis hijos. Fue nuestro deseo tener familia y, bajo nuestro punto de vista, hacemos cosas en familia porque consideramos que es lo que nos pide el cuerpo.

Eso no quita para que nos hayamos ido dos veces en cuatro años al cine y a cenar solos (bueno, yo era huevo kínder porque tenía a Lucía dentro). No nos hemos sentido mal y lo disfrutamos, eso es cierto.

Pero os puedo asegurar que, con hijos pequeños, recién nacidos, nunca he tenido esa necesidad. Quizá es porque mi pareja también quería ser padre y también ha disfrutado de esos primeros días como un regalo. Pero es cuestión de gustos y necesidades.

Mi necesidad era muy primaria: estar con mis bebés, alimentarlos y permanecer a su lado. Con el primero lo miraba mucho, con el segundo lo cogía mucho, con la pequeña, la he tenido en el pañuelo desde que nació pegadita a mamá porque ya sé que el tiempo no corre, sino vuela. Y, cuando me quiera dar cuenta, estará gateando, andando y corriendo, y no querrá que la abrace sin parar.

Pero además de mis necesidades como madre (que las tenemos), están las necesidades de nuestros bebés. Han pasado nueve meses en nuestro vientre, escuchando el sonido de nuestro corazón, nuestra voz, nuestras tripas moverse. Y, de repente, se ven en un medio frío, seco, con ropa que aprieta su piel, con voces que no terminan de situar… Yo creo que lo que necesitan es un proceso de adaptación a este nuevo medio de forma progresiva en el tiempo y acompañados de sus padres, que son los que conocen desde el principio. Independientemente de que tomen teta o biberón, nos necesitan presentes -o esa es mi percepción del recién nacido-.

Si yo llegara nueva a un planeta y solo conociera a dos personas, me gustaría que me acompañaran. Y por dos horas es verdad que no pasa nada porque es posible que el bebé duerma y no se entere de esa ausencia. El bebé no se entera, pero yo como madre, sí. Por eso no me voy.

Es una elección tan lícita como las demás, ¿a qué sí? Y los momentos en pareja se tienen. Yo muchas veces le digo a mi marido que nuestros hijos son importantes, muy importantes, pero no los he elegido. Hemos elegido que nazcan y, con responsabilidad los criamos, pero no hemos elegido sus características ni serán nuestros compañeros de vida.

Mi compañero de vida es él.

Los hijos están, pero pasarán, así debe de ser. Y que sean dependientes es cuestión de un tiempo. en unos años estarán deseando de que nos vayamos de fin de semana, puente o vacaciones sin ellos para empezar a hacer lo que quieran… ¡cosas normales!

La vida pasa rápido, sobre todo cuando tienes hijos. Yo he descubierto que los años vuelan gracias a ellos que hace nada que nacieron y la pequeña ya tiene 4 meses y medio.

También os digo que tenemos claro, los dos, que ahora mismo nos apetece pasar tiempo con ellos. Creemos que es cuando nos necesitan y queremos estar. Igual así, cuando no nos necesiten, nosotros también queremos estar juntos y sentimos que hemos aprovechado bien cada instante.

Hay días intensos, no os lo voy a negar. Días que se juntan con noches en las que no dormimos, pero también entendemos que ya dormirán (o no, pero de otra forma), y ya dormiremos.

Elecciones hay muchas, lo importante es decidirlo siendo libres y conscientes de los pros y las contras; y ser consecuentes. Y, sobre todo, tener claro que por estar más o menos no eres mejor madre -ni peor mujer-.

Un abrazo, familia. Os espero en los comentarios 😉

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1 Comentario

  • Reply
    Alexia
    13/03/2017 at 15:09

    Pues si, aquí estoy de acuerdo contigo. Yo sólo tengo una de momento y recuerdo que a los 8 dias bajamos tomar un café rosco en mano y hasta me descolocaba ver tanta gente en la calle que me fue visto y no visto (recuperación lenta por mi parte, anemia casi para transfusión y episotomia)
    A mi sólo me apetecía estar con mi nueva familia y pegadita a la tragona jeje.

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