Hoy reflexionamos

¿Cómo nos ven los niños?

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Este pasado fin de semana, con esto de que el domingo era el día de la madre, y ha sido el primero como trimadre, hemos pasado el día en familia, los cinco -bueno, seis si contamos a Tiza que vino con nosotros-.

Comimos juntos y nos fuimos a un parque, a tumbarnos en el césped y jugar al futbol, que los niños se tiraran por el tobogán, columpiarse…

Fui con mi cámara en la mano para hacerles fotos a los niños. Me encanta tener momentos capturados. No me importa si están sonriendo o están más serios, si miran a cámara o miran hacia otro lado. Sólo quiero tener capturados momentos, gestos, sonrisas…

De repente, en uno de los momentos menos esperados, Álvaro me preguntó si podía coger la cámara y hacer fotografías.

Es mi cámara de fotos con la que trabajo y para mí, es un objeto con mucho valor porque me sirve para trabajar y para capturar momentos familiares, así que siempre tengo muchísimo cuidado con ella.

Así que tomamos las medidas pertinentes para que, en caso de que se le escurriera, no cayera al suelo, y se la dejamos.

Empezó a hacerle fotos a Lucía y le decía “muy guapa”, “mi niña me sonríe y sale tan bonita”, “mira qué foto más bonita”.

Fue cogiendo confianza y continuó haciéndonos fotos al resto.

  • “Mamá, mírame”.
  • “Cariño, yo salgo fatal en las fotos”
  • … (disparó sin contestar)
  • “Álvaro, qué guapa me has sacado”
  • “Eres guapa”

Y entonces sonreí. Me relajé. Con mis hijos no tengo que fingir nada. Soy quien soy. Soy Ely, su madre, la que se preocupa porque tenemos que llegar al cole y vamos tarde, pero vamos cantando una canción por el camino y haciendo el repaso del día.

Soy la que se olvida de su cita con el dentista, pero soluciona los rasguños con un beso.

Soy la que trabaja mientras duermen y, si no duermen, le habla al móvil para que le vaya escribiendo los artículos que tengo para vosotros.

Soy la imperfecta, la que siempre tiene un abrazo para ellos, la que odia que me den dos besos solo por el hecho de ser mujer pero que a ellos se los doy por docenas…

Soy su madre, sí. Y, para ellos, soy más genial de lo que jamás podré verme.

Y esta conversación me hizo pensar en cuántas veces, delante de ellos, nos sacamos defectos, no nos vemos bien y lo decimos en alto, marcando estereotipos.

Yo, sin irme muy lejos, llevo unos meses en los me quejo mucho de la barriga. No se me ha ido después del embarazo de Lucía y sé que es cuestión de tiempo, pero me gustaría estar perfecta ya. Me gustaría entrar en mis vaqueros ya.

Pero no entro. ¿Y, sabéis qué? Que, a ellos, les importa poco. De hecho, no les importa nada.

Me ven guapa, alta, capaz de todo, sonriente y risueña… Ven en mi mirada que mi amor está por encima del vaso de leche que han tirado y que todo, absolutamente todo menos la muerte, tiene solución.

Así que yo ya no me quejaré más de mis imperfecciones porque yo soy así. Y a ellos, les gusto así. Adelgazaré y me gustaré a mí, pero mientras tanto seguiré disfrutando del camino, y teniendo especial cuidado con lo que digo para que ellos sean personas seguras de sí mismos, independientemente del cuerpo que tengan.

A fin de cuentas, uno es uno y sus circunstancias y la imagen que tenemos de nosotros también depende del ojo que nos mire. Así que me pondré las gafas de ver de mis hijos, que me quieren y me miran mejor que yo misma. A ver si aprendo un poco 😉

¿Y a vosotros cómo os ven vuestros hijos?

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