Reflexión

Navidades con la familia

La Navidad es una época marcada por los buenos deseos, las comidas y cenas con los compañeros de trabajo y también, por qué no decirlo, de visitar y pasar unos días agradables con la familia.

De estos días, la mejor parte es, sin duda, estar con todos ellos reunidos y reír y charlar mientras pasan las horas recordando momentos o viendo películas y fotos de cuando unos y otros éramos pequeños. Este año hemos sido menos en la mesa pero los hemos tenido a todos presentes. No estaban pero sí estaban, al menos, en nuestra mente.

La peor parte, al menos para mí, es salir con la casa acuestas. Sí, salgo con una maleta familiar sólo para los niños. ¿Por qué? Para no dar molestias en estos días tan bonitos. Así que voy con pijamas para cada uno de los días más otro par “por si”; ropa para cada uno de los días y otro par “por si”; ropa elegante para la cena y la comida y alguna cosa mona “por si” se manchan lo anterior… bodys, calcetines, pañales de la talla 3 para el pequeño y de la 4 para el grande; los botes de gel y crema (que son específicos porque así no les salen granitos), chaquetas, cazadoras, jerséis, algunos juguetes para Álvaro, la manta de suelo de Diego… Así que empiezo la maleta con ganas de volver.

Sin embargo, pienso en la familia deseosa de tenerlos con ellos; de disfrutar durante algunos días de ellos; achuchándolos, queriéndolos, haciéndolos reír y se me pasa pronto la pereza (que volverá en el momento en el que saque las bolsas con ropa sucia y piense en la cantidad de lavadoras, secadoras, y demás tareas se me están acumulando).

Este año hemos pensado en que venga Papá Noel después de la cena de Nochebuena y les entregue los regalos a los niños. Y, la verdad, ha sido una experiencia chulísima. Hacia unos días que nos habíamos cogido una cámara réflex y queríamos tener muchas fotos de nuestros hijos para el recuerdo. Como todos sabemos, los niños crecen muy recuerdo y aunque siempre digo que la mejor cámara de fotos es nuestro ojo, no quiero que llegue un día en el que la memoria me falle y olvide que una vez fueron pequeños, llenos de ilusión y con la mirada limpia y deseosa de aprender.

Después de una deliciosa cena preparada por los mejores anfitriones apareció Papá Noel ante el asombro de todos. Vino cargado con paquetes envueltos con cuidado y cariño. Y allí, ante la atenta mirada de tíos y abuelos, Álvaro se encargó de abrir los paquetes para él y para Diego.

La Navidad es compartir momentos e ilusión y éste ha sido mi propósito este año. Normalmente sólo celebramos a los Reyes Magos pero como los abuelos paternos no pueden ver los ojos de ilusión de Álvaro, hemos cambiado la tradición. A fin de cuentas, las normas están para saltárnoslas, ¿o no?

La felicidad es mayor cuanto mayor número de personas la sienten. Para nosotros este año han sido unas navidades especiales porque son las primeras que pasamos con Diego entre nosotros. A sus tres meses ya nos ha demostrado que las clases particulares de estimulación temprana que recibe de manos de su hermano están dando sus frutos y muestra unas ganas de jugar con él que nos dejan a todos admirados. ¿Cómo puede ser que un niño admire tanto a su hermano desde cuna? Diego admira a Álvaro y Álvaro adora a Diego. Lo cuida y le hace muestras de cariño continuamente. Y, por supuesto, a mí se me cae la baba ante tanto espectáculo de amor fraternal. ¿Qué más puede pedir una madre? ¡Pues muchas fotos para tener siempre estos momentos presentes!
¡Feliz Navidad a todos!

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