Hoy reflexionamos

Mi lotería: de maestra a mamá a jornada completa

Yo no nací siendo mamá. Y digo esto porque como desde hace un tiempo sólo me dedico a ejercer como tal, parece que no tengo estudios o formación. Bueno, yo soy maestra de educación infantil. Estudié magisterio por vocación. De hecho, previamente, estudié dos años de ingeniería. Sí, suena raro, lo sé. Al final me decanté por mi parte emocional: me encantaban los niños y ¿qué mejor forma de disfrutar de ellos realizando una actividad remunerada? Parecía que ser maestra sería la solución y, de hecho, así fue.
Estudie la carrera mientras daba clases de gimnasia rítmica en dos colegios por la tarde, cuenta-cuentos los viernes, clases particulares de matemáticas, física, química, ciencias sociales y demás temarios de la ESO a continuación a varios adolescentes. Sí, madrugaba bastante, iba a la universidad, no  me perdía ninguna clase porque me encantaba todo lo que me explicaban, hacia trabajos, cursos, estaba apuntada a todo lo que podía. Hice el curso de monitora de ocio y tiempo libre, entraba, salía, tenía novio, amigas, cines, cenas, una agenda apretada de cosillas y disfrutaba mucho con todo.
Tras el primer semestre del segundo año de la carrera, el profesor de matemáticas se interesó en mí junto con otras tres chicas más para hacer las prácticas en un colegio con el fin de recopilar información que serviría para terminar su doctorado. A cambio, él nos ofrecía la publicación de un artículo con nuestras experiencias recogidas durante ese periodo. Era una locura decir que no. Eso, a fin de cuentas, era curriculum. Así que acepté. Para no aburriros  os diré que tengo un  par de artículos publicados porque yo continué trabajando con aquel profesor durante algún tiempo más.
Antes de terminar la carrera ya tenía trabajo en una escuela infantil. Estuve en el aula de bebés pero no me entendía con mi compañera. Yo era nueva y no tenía experiencia pero había cosas con los niños con los que yo no me sentía cómoda y decidí seguir buscando trabado. Me llamaron de otro sitio y acepté encantada. Quería salir de aquel sitio cuanto antes y como fuera. Así que acepté lo que me ofrecieron. ¿Y qué me ofrecieron? Pues cubrir una baja de maternidad durante 15 días. Como lo leéis. Resulta que la embarazada tenía un contrato que terminaba el 30 de junio y a mí me entrevistaron el viernes 10 para empezar el lunes.
Bueno, fue una locura pero no me arrepiento. Necesitaba salir del otro lado y me venía muy bien ese trabajo porque era de 9 a 16, me daban la comida y estaba a 600 metros de casa. ¿Se podía pedir más? Pues hombre, que en lugar de dieciocho días para ser exactos fueran algunos más, pero por algo tenía que empezar. Así que, directa fui a por ese trabajo. La verdad es que me lo tomé con la profesionalidad y responsabilidad que me caracteriza. Disfrutaba cada día y se me notaba. Encajé con mis compañeras, con los niños, me integré en el grupo. Tanto, tanto que a los tres días parecía que llevara allí todo el curso con los niños. Tenía las rutinas aprendidas, los nombres, los gustos, había observado sus juegos, revisado sus fichas, sabía quién llevaba pañal, a quien se lo estábamos quitando y cuando… estaba emocionada por estar ahí y pronto lo notaron. A la semana me ofrecieron quedarme durante el mes de julio para seguir en la escuela durante ese mes, de dieciocho días pasé a tener otro contrato. Aquello me llenó de alegría y el positivismo nuevamente.
Estaba donde quería haciendo lo que quería. Ser maestra era mi vocación y había encontrado un lugar en el que respetaban mi forma de entender la educación con niños tan pequeños. Así que me fui soltando como maestra y adaptándome aún más a las diferentes aulas y niños. Me encantaba cada edad. Cada una de ellas tenía algo especial.
Sin embargo mucha gente cree que tengo un módulo y que sólo nos enseñan canciones para niños. Bueno, y a preparar biberones y papillas de cereales. Esto es que me hizo mucha gracia. Cuando entré a trabajar en una escuela infantil, una compañera que era educadora se echó las manos a la cabeza cuando le dije que en la carrera no nos enseñaban a preparar biberones. “y qué os enseñan en tres años de carrera”. En fin…
La verdad es que es un trabajo poco valorado. Mucho menos si estas en escuela infantil de 0 a 3 años que si estas en colegio de 3 a 6 años, por supuesto. Y todo va en el salario que te pagan. Bueno, realmente el convenio no establece tanta diferencia entre primer y segundo ciclo de infantil. Más bien lo establecen las empresas que gestionan las escuelas infantiles. Como el trabajo de primer ciclo lo pueden realizar personas que tengan el modulo pues te ofrecen el trabajo y te bajan de categoría. Quieren personas con formación universitaria pero te pagan como si tuvieras el modulo. Y la diferencia es bastante. Si coges el convenio te encuentras con que en la categoría de maestra la jornada en primer ciclo es de 32 horas semanales frente a las 38 de ser educadora. Y el salario bruto tiene una diferencia de unos 400 euros, si no recuerdo mal (pero trabajando menos horas, por lo que la diferencia real en euros es de casi el doble. Vamos que si una maestra trabaja como educadora 32 horas gana la mitad que si le pagaran por su formación, ¿me he explicado mejor?)
Total que yo andaba metida en el mundo laboral en el que era maestra pero cobraba como educadora trabajando las horas de maestra cuando me quedé embarazada y mis jefas decidieron prescindir de mis servicios, alegando que el número de niños había disminuido considerablemente en verano (sin embargo sólo salía despedida la embarazada, raro ¿no?). Con mi disgusto inicial y mi bombo denuncie los hechos ante el juzgado de lo social de Madrid y tas un acto de conciliación en el que no se concilio nada, tuvimos que ir a juicio para que le explicaran lo que estaban haciendo, al que fui ya acompañada de mi bebé que conoció un juzgado sin haber cumplido los dos meses (espero que nunca tenga que volver).
Y, de repente, pensando que me había ocurrido lo peor de lo peor, llegó el mejor momento de mi vida. Pude disfrutar de una primera maternidad sin prisas. Total, tenía que llegar la sentencia y la justicia no es tan rápida como quisiéramos. Tuve maternidad, lactancia, vacaciones y demás derechos que me habían quitado sin más. Disfruté de mi hijo, de mi maternidad, de cada instante a su lado, respetando sus momentos y los nuestros… y la verdadera lotería llegó en mi vida al darme cuenta de que estaba haciendo lo que realmente quería que era estar con mi hijo las 24 horas del día.
La sentencia llego y con ella la readmisión a mi puesto de trabajo, que no pude realizar por un miedo atroz que me entró de tener que volver al sitio del que me echaron, esta vez con mi hijo (llegué a temer por si lo “usaban” como moneda de cambio) y pasé tiempo en tratamiento médico para superar la ansiedad que esto me producía.
De repente un día me encontré fuerte. Tan fuerte como para hacerles cara y volver. Y volví. Pedí mis derechos y volví a trabajar. Pero la escuela presentaba perdidas y querían hacer reducciones en las condiciones de trabajo. Horario y salario serian reducidos. Me negué a la modificación sustancial de las condiciones de trabajo y solicité extinción de mi contrato laboral.
Laboralmente hablando, fue un palo para mí. Familiarmente hablando, lo mejor que me pudo pasar. Álvaro lleva un ritmo de vida tranquilo y sereno. No sabe lo que es madrugar, ni las prisas o los atascos. Tiene una infancia tranquila y sabe relacionarse tanto con el carnicero como con los niños del parque. Ayuda, sin que le pidas que lo haga, en diferentes tareas de la casa y ha vivido, desde la primera ecografía, los controles del embarazo de Diego. Se ha destetado cuando ha considerado que está preparado para ello y siempre ha comido con nosotros en la mesa, dejando de lado el tema de los horarios infantiles. No ve la tele, salvo en contados momentos y las películas, tanto para él como para nosotros, son regalos familiares que nos hacemos pasando tiempo juntos. Es familiar, risueño y divertido. Siempre tiene una sonrisa en la boca y adora a Diego desde el momento en el que lo vio (fue el primero en conocerlo, por supuesto).
Gracias a ajustar mucho mucho nuestra vida a un sueldo vivimos en un piso pequeño (60 m2) lleno de amor; en un pueblo pequeño a 50 km de Madrid con un encanto natural. No deseo dinero (aunque me vendría bien no tener hipoteca), solo quiero disfrutar de mis hijos, cuidarlos, querernos, darles abrazos y besos a lo largo del día, tenerlos en mis brazos y no en mi cabeza pensando cómo estarán pasando el día… Ser mamá de día y de noche es mi verdadera lotería.
 
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5 Comentarios

  • Reply
    Eva Gascón
    22/12/2014 at 12:01

    Cúanto me alegro que los limones que te ha dado la vida te hayan proporcionado una limonada de lo más dulce.
    La actitud positiva es lo mejor que podemos tener para disfrutar de la vida y sus regalos.
    Espero que sigas disfrutando de Álvaro todo lo que quieras y que cuando te lo propongas pongas ese curriculum de alto nivel, que es ser madre, para encontrar un trabajo que te ofrezca la posibilidad de seguir educando a otros niños.

  • Reply
    mamá puede
    22/12/2014 at 12:50

    Se te nota, tienes vocación.

    A todos nos gustaría tener la hipoteca pagada, viviríamos más tranquilos, pero mientras tanto vamos a disfrutar todo lo que podamos, y si tu lo haces con tus peques, GENIAL.

  • Reply
    Mamá de día y de noche
    15/01/2015 at 16:14

    Gracias por tus palabras! No fue fácil asumir que me tocaba quedarme en casa con él y, sin embargo, qué suerte he tenido de poder disfrutarlo tanto! Y sigo haciéndolo! Un besazo

  • Reply
    Mamá de día y de noche
    15/01/2015 at 16:15

    Pues sí, hija, si tuviéramos la hipoteca pagada todos estaríamos más tranquilos, pero el secreto es ser feliz con lo que uno tiene y disfrutar con aquello que hace. Un besote

  • Reply
    Mamá de día y de noche - Abuelos, esos padres que siempre están
    13/11/2015 at 17:08

    […] querido mis padres. Y ahora, me toca también rendirles tributo. Así que, en nuestro caso, como la conciliación con mi trabajo no fue posible, decidimos quitar gastos superfluos e intentar no depender de guarderías, horarios […]

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