Hoy reflexionamos

Historias de parques, niños y padres

parque

Os voy a contar una anécdota que me ocurrió hace unos días en el parque y que me ha hecho pensar mucho, muchísimo y darle vueltas al tema como si te una taza de té se tratara.

Mis hijos juegan en el parque bastante libremente. Con esto quiero decir que intento no ser “madre helicóptero” ni todas esas etiquetas que circulan últimamente por la red y que me sacan una sonrisa, no puedo negarlo, porque me voy a la literalidad del adjetivo y me imagino sobrevolando sobre dos niños de 4 y 2 años y me río yo sola al pensarlo.

Bromas aparte, os confieso que no me gusta meterme demasiado en el juego de los niños. Prefiero observar desde la distancia. Creo que así facilito su autonomía y la gestión de herramientas que van teniendo para convivir, que, al final, es lo que van a tener que hacer: convivir.

Además, en muchas ocasiones he visto como intentas ir hacia el lugar en el que juegan tus hijos y ellos se van alejando de ti. Y es que los niños no quieren ser perseguidos por sus padres ni que interfiramos continuamente en sus conversaciones.

Seguro que lo habéis visto, escuchado u os ha pasado a vosotros mismos: están jugando y la madre/padre empieza a decir: “cariño, dile a tu amiguito que te pase la pala y te la deje un ratito”. A ver, o se lo dices tú o que se la pida él. Vale, cuando son pequeños hay que enseñarles cómo se piden las cosas y estar pendientes, pero llega un momento, ese en el que tus hijos te dicen “yo solito” (el mío mediano no habla, pero me lo comunica) en el que, sutilmente, te están diciendo que te busques otro entretenimiento. Para esto, tener un pequeño en la mochila es ideal 😉

Bueno, la cosa es que estaban en el parque y mi mediano agarro de la braga del cuello a otro niño que estaba en el suelo. Yo no sé si el mayor le había hecho antes algo o mi mediano quería levantarlo del suelo -todo puede ser, porque este niño tiene un corazón muy grande-. Lo que sé es que la madre del niño, que estaba de espaldas a lo que estaba sucediendo, se giró y le dijo a su hijo “defiéndete”.

Cuando quiso el niño levantarse y proceder, mi mediano andaba tirándose por el tobogán y jugando con otro niño mayor que le hacía monerías mientras se reía a carcajada limpia. El niño no encontró motivos para defenderse y, pasando de su madre, se unió a las risas y el juego.

Creo que los niños nos dieron una lección a todos. El momento pasó y ellos continuaron jugando. Aunque como no sabemos cuáles eran las intenciones de mi mediano ni si había ocurrido algo antes, no me parece justo juzgar por juzgar.

Lo que me llama la atención es que vivimos en el Siglo XXI, llenos de mensajes en contra de la violencia -machista, hembrista, contra los niños, contra los ancianos, contra los animales…- pero seguimos escuchando “defiéndete” o el “tú no pegues, pero si te pegan, defiéndete”.

Son mensajes contradictorios que les enviamos a los niños. Eso lo sabemos. ¿Cómo celebramos el Día de la Paz si luego los incitamos a pegar? ¿Cómo hablamos tanto de que no hay que pegar si luego permitimos que se peguen y lo aceptamos?

Hay veces que me pregunto qué estamos haciendo. Veo a padres y madres en el parque hablando -yo también hablo, conste-, pero sin mirar mi medio segundo a sus hijos. Se insultan, pegan, se empujan… ¿y sabéis las consecuencias que hay? Solo gana el que más fuerte es y más fuerte pega.

Los niños necesitan modelaje, necesitan orientación para gestionar sus conflictos -internos y externos- y necesitan que estemos atentos. No digo que estemos usurpando su espacio, pero si atentos a cuando nos puedan necesitar.

Y si les vamos a decir que está bien pegar a otros niños, pues sabed que hoy puede ganar el nuestro, pero siempre habrá otro que sea más mayor, más alto y más fuerte…

Yo de la violencia me bajé hace tiempo. Creo que las cosas se solucionan de otra forma. Yo, sin ir más lejos, no me lio a tortas con la gente. Si algo no me gusta, lo digo y, si no puedo arreglarlo hablando yo, uso los mecanismos legales que hay para ver quién lleva la razón -que no siempre la llevo yo, conste también-.

Solo espero que mis hijos aprendan a pedir ayuda cuando la necesiten y que los adultos, nosotros que debemos modelar su comportamiento, demos ejemplo y nos dejemos de “defiéndete” como si de lobos se trataran. Somos seres sociales, nos necesitamos y la violencia solo genera más violencia.

Pero esta es mi opinión, ¿cuál es tu posición frente a los conflictos de niños? Te espero en los comentarios 😉

¡Feliz día!

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