Reflexión

Feliz día del Padre

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Domingo, día del padre, ocho de la mañana, todos en pie y con ganas de disfrutar del sol, de la luz, del hogar y de la vida.

Limpio con cuidado los ojos de Álvaro, que tiene conjuntivitis y volvemos a la cama, donde nos esperan el resto y pronuncio: “¿sabéis qué día es hoy?”. Álvaro se lo sabe, lo han hablado en el cole durante estos días pasado: “el día del padre” y abraza al suyo.

Quizá no sean las palabras que todos hubiéramos deseado, ese típico “felicidades”. Ha sido un abrazo, profundo, calentito -de esos que le gustan a Olaf-. Y me gusta ser la espectadora de estos momentos.

Ahora, mientras escribo unas líneas, están haciendo un puzzle de aviones. ¡Aprenden tantas cosas de su mano!

Y tengo claro que celebrar el Día del Padre -o el de la Madre- no puede ser una cosa de un día. Por eso, cuando escuchan la llave moverse en la cerradura y corren hacia la puerta para llenarlo de besos -alguno con babas-, cuando miran a su padre y sonríen, y cuando lo ven llegar al parque con un balón y jugar, disfrutan, ¡soy feliz!

No, el Día del Padre no se hizo para hacer un regalo un día y ya está. Está para agradecer, mucho, muchísimo, la tarea de esta generación de padres que pasa tiempo con sus hijos, que les dedica tiempo, miradas, caricias, cuidados, sonrisas, visitas al médico, a urgencias, que pinta, que juega, que acompaña…

Padres comprometidos que, ya desde el embarazo, están presentes, apoyando a las madres -¡cuánto se les necesita siempre!-. Padres que cambian pañales, bañan, pasean, duermen a los bebés, aunque terminen con alguna contractura que otra en la zona del hombro…

Padres que cocinan, que preparar juegos, buscan cartones para hacer un “escutum” para que los romanos de la casa puedan hacer la “posición tortuga” y defenderse del enemigo… Padres que no permitirían que pasara ningún monstruo al sueño de su pequeño…

Padres hay muchos. Muchos tipos de padres. Cada uno con sus circunstancias, con sus creencias y convicciones. Padres implicados con poco tiempo, pero con ganas de disfrutar del que tienen con ellos.

Nosotros en casa tenemos uno, particular, con sus características propias. Con humor, una sonrisa cuasi-permanente, ordenado, cariñoso, disfrutón de los que cogen un balón y juegan, lector apasionado, descubridor de sueños y facilitador de momentos de calidad.

No sé si mis hijos, los tres, tendrán ya claro que es un buen padre. Posiblemente, conforme pasen los años, lo valorarán y lo querrán más aún. Mientras tanto, se lo diré yo cada día, como vengo haciendo ya unos años.

¡Feliz Día del Padre, para todos y, en especial, para TI!

Os dejo el post que escribí el año pasado con motivo del día del padre y que tiene unos cuentos bonitos por si necesitáis alguno para regalar (más vale tarde que nunca 😉 )

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