Hoy reflexionamos

El parto de Lucía en el Hospital de El Escorial

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Me ha costado encontrar el momento para sentarme a escribir sobre un momento tan especial como fue el parto de Lucía. Sería mi tercer embarazo y tercer parto y, sin embargo, esperaba impaciente ese momento.

Yo, con mi particular visión sobre mis partos, tenía claro que se adelantaría igual que sus hermanos, que sería rápido y que tendría que estar ágil si no quería que sus hermanos presenciaran ese momento en el ascensor de mi casa.

Luego, como suele pasar en estos casos, nada ocurre como tenemos imaginado y la realidad supera con crecer a la ficción.

Llevaba desde antes de llegar a la semana 37 con contracciones de Braxton por las noches. Era agotador porque llegaba la noche, dormía un par de hora y comenzaba con contracciones que, si bien no eran dolorosas, eran molestas, seguidas y me hacían estar “alerta” ante un reloj que no tenía piedad de mí y que, sin ninguna duda, volvía a sonar para poner en movimiento al personal en la rutina diaria.

Y fueron pasando los días y llegué a la semana 39 (para mí, que nunca había pasado de aquí, era el momento en el que Lucía debía mostrarse), pero ella tenía otros planes. No me gusta dar la FPP a los familiares porque luego empiezan a ponerse nerviosos y comienzan las llamadas, mensajes, y ya he dicho alguna vez que el parto es lo único que no elige la madre y llamarla para preguntarle cómo está cada día es agotador.

Así que me planté en la semana 40, concretamente, Lucía nació el día que cumplía 40+2.

Serían las 6.30 de la mañana cuando me despertó una contracción. No era como en los partos anteriores que me daban en los riñones. Con ella sentí algo diferente. Vamos, que por fin me enteré de lo que era una contracción de verdad.

Era un dolor intenso pero lo mejor era cuando paraba y podía respirar tranquila. Mandé a mi marido a su puesto de trabajo porque me daban muy espaciadas en el tiempo, pero le pedí que no soltara el móvil para nada.

Organicé a los niños y me dispuse a preparar la comida para que fueran donde fueran no dieran más trabajo a mis ayudantes.

Cuando ingresé a eso de las 12.30 horas estaba dilatada de 4 cm y tenía dinámica de parto así que me dejaban ya allí.

El tiempo fue pasando y la pequeña Lucía no iba a venir igual que sus hermanos, ella sería especial, única. Y así fue.

Desde que ingresé el dolor de las contracciones cesó, ni me molestaban. Creo que el hecho de estar en el hospital (que me encanta pero que no es mi casa) y tener en la mente varios asuntos provocó que el parto se parase.

De hecho, me fui a comer porque estaba con una dilatación de 5-6 cm, así que la matrona me dejó ir y comerme esos garbanzos que me supieron a gloria.

Cuando volví continuaba igual, así que la cosa se estaba dilatando en el tiempo más de lo que pensaba.

A las 18.45 horas, la matrona me dijo que estaba parada en 7 cm y que si en una hora no iba a más, me rompería la bolsa porque eran demasiadas horas para mí y para la peque.

No sé si fue el hecho de tener un ultimátum lo que hizo que mi mente se pusiera en sincronía con Lucía, solo sé que en cuestión de minutos empecé a tener contracciones que me dejaban sin respiración, sin demasiada tregua y que veía que el monitor se ponía a tope.

Sé que me agarraba con fuerza a una barra y que ya no quería ni pelota ni que hablaran ni que me tocaran ni que nada.

Sé que grité como si me estuvieran rompiendo por dentro y también sé que la matrona me preguntó si rompía bolsa y le dije que no, a lo que ella -entre risa y no tanta risa- dijo algo así como que las iba a bañar (¡¡¡y tenían otro parto casi inminente a continuación!!!)

Tenía calor, mucho calor, pero no quería agua. Creía morir y ese fue el signo claro para mí de que nacía Lucía. Siempre me ha pasado: cada vez que he dado a luz a uno de mis hijos, durante unos segundos, pensaba que me moría… Quizá en el fondo es así: mueres un poco para dar vida.

Silencio.

Un llanto.

Alegría. La tenía en mis brazos.

Lucía nació con la bolsa íntegra. No podía encajar la cabeza porque daba con la bolsa. Y en las contracciones salía un poco la bolsa y hacia el efecto de un globo al volver hacia atrás.

Cuando mi cuerpo estuvo del todo listo nació con todo perfecto y ese olor tan característico que hace que te enamores de tu bebé.

A los pocos segundos noté nuevas ganas de empujar. Era la placenta que salía de mí después de 9 meses trabajando sin descanso para alimentar a la pequeña.

Es en estos momentos en los que más admiro a la Madre Naturaleza y en lo bien que lo diseñó todo.

Quise ver la placenta, saber que estaba completa y agradecer de alguna forma que me hubiera acompañado en esta nueva maternidad. Ella la alimentó dentro y ahora me tocaba a mí hacerlo desde fuera.

Y, como en los anteriores partos, ahí estaba ÉL. Silencioso, paciente, observador, sensible… y con esa camisa azul que vamos a patentar para los partos porque, casualmente, siempre le han acompañado. GRACIAS POR ACOMPAÑARME, UNA VEZ MÁS.

Gracias, como siempre, al equipo sanitario y al resto del personal del Hospital de El Escorial que nos hicieron disfrutar de este momento dejándonos pasar muchos ratos de confidencias y en soledad, preparándonos para lo que no tardaría en llegar: el momento de pasar a ser familia numerosa.

Gracias a los ginecólogos que me revisaron en cada cita durante el embarazo y en los días posteriores, a los pediatras que miraron a Lucía y me facilitaron información sobre todo lo que necesité.

Gracias a las enfermeras, auxiliares, a cocina y a limpieza por hacer que nuestra estancia de 42 horas fuera tranquila y comenzara la aventura de la trimaternidad con descanso y alegría.

¡Ah! Y gracias por esos zumos de piña fresquitos que lleva Ramón y que te hacen sentir cuidada como en casa :)

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2 Comentarios

  • Reply
    P.A.
    23/01/2017 at 12:02

    Zumo de piña la tarde que nació Lucía. Al día siguiente fue de melocotón; igual de bueno, pues el truco está en la temperatura a la que lo sirve Ramón…

  • Reply
    Cecilia Gómez del Pino
    27/01/2017 at 14:07

    Madre mía, al leerte me he visto muy reflejada!! La verdad es que nunca he querido contar mis tres partos, pero mi último (el de la niña) fue muy similar al tuyo. Con otros dos peques mayores la experiencia fue distinta, pero los tres partos han sido buenos, aunque el mejor fue el segundo, el más rápido sin duda fue el tercero (y el más doloroso porque no dio tiempo a nada…)
    Me gusta el aura que desprende tu blog, yo también soy maestra de infantil por vocación y madre de tres por opción :)
    He llegado aquí a través de twitter. Te dejo enlace a mi blog para cuando tengas un huequito (que sé que es difícil con tres, jeje)
    http://uncorchoenlacocina.blogspot.com.es/

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