Reflexión

Educando en la Paz

DSC_0784

Una tarde, como muchas otras, fui al parque con mis hijos. Intentando llevar juguetes que animen a la colaboración y no la competición, el juguete por excelencia para que se hagan muchos juegos es el balón. Redondo, esférico, se pasa, se lanza, se comparte y se disfruta.

Cuando llegó el momento de marcharnos, el balón estaba en manos de un niño que jugaba a solas con él. Álvaro se acercó para pedir su balón y el niño, en un momento de no querer ceder ese tesoro, se lanzó a la cara de mi hijo como un gato en estado salvaje.

Yo lo miraba todo sin dar crédito a lo que veía y con dolor por el ataque gratuito. Mi hijo, ante eso, solo pudo llamarme para que acudiera en su auxilio. Lo calmé, miré sus heridas y tranquilicé su llanto. A continuación, fui directa al agresor. Me bajé a su altura y le expliqué que eso no se hacía, que le había hecho daño y solo estaba pidiendo el balón que era suyo y que, por cierto, me llevaría personalmente.

Pude haber gritado a mi hijo que se defendiera. Mi hijo podía haber tenido en el subconsciente aquella famosa frase “tú no pegues, pero si te pegan, a por él”, pero hubiéramos perdido todos porque los dos niños hubieran resultado heridos finalmente. Pude haber reaccionado de forma violenta (con gritos o zarandeos) con el niño y, sin embargo, decidí que debía explicarle, usar el dialogo para que entendiera lo que está bien y lo que no.

Evidentemente no vale una cosa puntual. Educar en la paz implica hacerlo todo el tiempo, por parte de todo el mundo. Educar en no tomarnos la justicia por nuestra mano debería ser tarea de todos con todos, pero no es así.

Os puedo asegurar que ver cómo agreden a tu hijo te saca de ti y no es fácil controlarlo. En ese momento creo que era ejemplo para mis hijos y lo volvería a hacer. Sé que algunos pensareis que son cosas de niños, que si fuera más grave no sería tan pacífica. No lo sé. No puedo ponerme en una situación que no he vivido (quizá como os pasa a muchos, que tampoco lo habéis vivido).

Mientras yo educo y trato a mis hijos con cariño y con apego, hay padres que lo hacen desde la violencia verbal y física (yo vi esa misma tarde como el padre del niño lo agarraba y le retorcía la tripa con pellizcos hasta hacer que llorase de dolor). No puedo responsabilizarme de lo que hagan otros con su hijos. Mi posibilidad de cambiar el mundo se reduce a mi conducta y la educación que quiero impregnar en mis hijos.

En estos días, después de los atentados de París, podemos reflexionar y pensar en cómo encontrar una solución a este conflicto. Sé que no es fácil, no es comparable al número de víctimas que no volverán a ver a sus seres queridos pero la solución, seguro, pasa por la reflexión. Con cada persona que muera, pierde la humanidad, perdemos todos.

Os dejo una imagen que me ha llegado con una poesía preciosa de la gran Gloria Fuertes.

da-de-la-paz-rodrigo-sebastin-4-638

Previous Story
Next Story

You Might Also Like

2 Comentarios

  • Reply
    Mis blogs favoritos de Maternidad: 9-15 noviembre de 2015
    18/11/2015 at 09:40

    […] de día y de noche: con su reflexión “Educando en la paz” algo muy necesario en estos últimos […]

  • Deja una respuesta

    Close