Reflexión

Dos años aprendiendo con mi hijo


Dos años es un tiempo prudente para decir que conoces a una persona, ¿no? Por ejemplo, cuando comenzamos una relación sentimental, nadie dice que está profundamente enamorado cuando lleva unos días quedando con alguien. Diría algo así como “nos estamos conociendo”. Sin embargo, cuando llevas dos años tratando a alguien las 24 horas del día SÍ la conoces a fondo. Eso es lo que me ocurre a mí con A., mi hijo mayor. El pasado 2 de octubre cumplió 2 años ya. Dos años maravillosos e intensos que se han pasado demasiado deprisa (para mi gusto). Vamos, que llevo dos años aprendiendo con mi hijo.

En este tiempo juntos han sido muchas las cosas que hemos aprendido juntos, y muchas las que me ha enseñado a pesar de su corta edad. Y, es que, aunque parezca una exageración, nuestros hijos nos enseñan demasiadas cosas sobre nosotros mismos que no sabíamos que tuviéramos por ningún sitio. Voy a intentar hacer una lista sobre lo que he ido aprendiendo en el camino:

  1. Álvaro llegó en el mejor momento que pudo venir. Tenerlo en mi vida produjo grandes cambios laborales, judiciales, económicos… y, sin embargo, sigo pensando que llegó cuando tenía que llegar.
  2. Siempre he querido tener una niña y, tras tener a Álvaro entre mis brazos supe que no había sido justa con él durante el embarazo por su sexo. Me pasé el embarazo pensando que “seguro que se han equivocado y, cuando nazca, es una niña”. Niño o niña, eso no importa, son un regalo con independencia del sexo.
  3. Soy más fuerte de lo que nunca pensé. De hecho tengo un aguante físico que, curiosamente, me hace dormirme en una discoteca pero pasar la noche en vela porque tiene mocos y siento que se puede ahogar.
  4. La paciencia es una virtud que se educa. Sí, yo pensaba que o tenías paciencia de serie o eras impaciente, como era mi caso. La vida, el paso del tiempo y mi hijo me han demostrado que la paciencia, como casi todo, también se educa. Poco a poco, piano piano, tienes menos prisas y más ganas de disfrutar de casa logro que consigue y, para eso, necesitas calmarte y esperar a que llegue SU momento.
  5. Gracias a mi hijo he comprendido más a mi madre. Sus miedos y angustias por nuestra salud, por nuestro bienestar, por nuestro futuro. Ahora sé que si la pobre dormía poco no era porque no le gustara dormir o nunca estuviera cansada, era porque siempre tenía algo que hacer para nosotros: casa, ropa, comidas,… También es verdad que me falta mucho para parecerme a ella porque intento vivir más que ella. Y con esto me refiero a “disfrutar” con mi familia saliendo al parque, a dar un paseo, a comprar el pan… Vale, igual no es necesario que vayamos todos a comprar una barra de pan, pero por el hecho de quedarme en casa no voy a adelantar tanto y me voy a perder la oportunidad de una conversación con mi marido o de parar en un parque con mi hijo.
  6. Los primeros meses de vida de mi hijo, con la lactancia a demanda, comprendí y reviví el amor loco que sentí durante los primeros tiempos con mi marido. Si, parece raro, pero es más sencillo de lo que parece. Y no, no tengo ningún complejo de nada, os lo aseguro. Cuando empecé a salir con mi marido tenía unas ganas locas de verlo, estar a su lado, besarlo, abrazarlo, hablar con él…. Me daba igual el tiempo. Una conversación de treinta segundo era suficiente con tal de escuchar su voz. Mi hijo durante esos primeros meses era una prolongación de mí y me necesitaba continuamente a su lado.
  7. La naturaleza es más inteligente de lo que pensamos y quizá por eso estamos aquí. Mi hijo durante los 9/10 primeros meses era una prolongación de mí y no necesitaba que nadie me dijera lo que le ocurría, mi cuerpo era capaz de transmitirme lo que le pasaba. Por ejemplo, antes de que tuviera hambre, notaba la subida de la leche. Me pasó incluso con un niño en el centro de salud. Al escucharlo llorar, note la subida y comenté a mi madre que tenía hambre. Su madre estaba justo detrás y me dijo que, efectivamente, era la hora de su bibe (si hubiera sabido que yo no necesitaba un microondas para darle a su hijo…)
  8. He aprendido a disfrutar de pequeñas cosas como pasear por el campo observando lo que me rodea. Hace años que hago con las perras el mismo camino y nunca miré más allá de él. Desde que mi hijo camina me fijo en tantas cosas mientras él me muestra a las hormigas, las piedras, las vacas con sus terneros, los sonidos…
  9. Las prisas no son buenas compañeras. Basta que quieras hacer cosas muy deprisa para que todo se dé la vuelta. Cada cosa necesita un tiempo y, por mucho que lo intentes, el tiempo no corre más deprisa hoy por el hecho de que a ti te venga mejor. Disfruta del camino, la carretera no se hizo para correr sino para disfrutar (esto es de la peli Cars)
  10. Durante el embarazo tenía muchas ganas de verle la cara y, sin embargo, él se encargó de que no pudiera hacerlo tapándose la cara en la ecografía 4D. sin duda la lección fue clara: una sorpresa es una sorpresa, no se puede desvelar. Me vino bien porque siempre fastidiaba mis regalos por mi impaciencia pidiendo pistas. Mi marido ya hasta se enfadaba.
  11. Los niños y los perros pueden ser amigos. Esta lección me la he enseñado hace poco tiempo. La verdad es que, aunque siempre me he fiado de nuestras perras, he intentado ser precavida y no dejarlos solos sin un adulto supervisando. Desde que mi hijo gatea también por ellas porque él no miraba su fuerza. Viendo las reacciones de uno y las otras he aprendido a confiar en ellas mucho más. Sigo teniendo precaución pero no creo que sea malo estar siempre al loro porque mi hijo, a veces, es pesado y cansino con ellas, y también llega a hacerles auténticas perrerías si no estás pendiente.
  12. He aprendido a que este momento presente es mi momento para ser madre. No fui madre antes aunque cuidara o educara a alumnos o a primos. Ni seré madre el día que sea tía o abuela. Soy madre ahora y debo ejercer como tal, con responsabilidad, siendo consciente de que es un trabajo a jornada completa en el que no hay vacaciones ni treguas, que te invade el tiempo y que dejas de lado tu aspecto de mujer, pero que merece la pena. Quizá no voy a la pelu lo que debería pero cuando tengan quince años y no me necesiten, podre ir mucho más.
  13. Ríete de ti misma. Es muy importante tener sentido del humor. Reírnos es una fuente natural de hormonas de felicidad, endorfinas, que nos hacen sentir mejor. ¿Por qué no hacerlo de uno mismo?
  14. Reconoce tus errores. La primera vez reconozco que me costó. No sabía cómo afrontar que me había equivocado. Y me costó pedir perdón. Me costó decirle a un niño tan pequeño que me había equivocado y que era humana. Pero como creo que los padres somos modelos de buenas conductas, humildemente le pedí perdón. Desde entonces no he dejado de hacerlo. Cada vez que me equivoco, se lo digo. Soy humana, tengo aciertos y cometo errores. Vamos, como todos.
  15. Mi hijo es pequeño pero no tonto. Siempre lo he pensado pero mi hijo me lo demostró claramente. De hecho, con dos años casi no dice nada salvo cuatro palabras, aunque se hace entender perfectamente (al menos para mí, claro). El hecho de ser pequeño no implica que le puedas tomar el pelo. Él nos escucha todo el tiempo y sabe lo que le decimos desde que nació, así que no intentemos timar a los peques.
  16. Los abrazos que no das no vuelven, así que no te lo pienses y achúchalo. Cuando nació todo el mundo me recordaba que los niños se acostumbran a los brazos y luego no quieren otra cosa. ¿Sabéis que? Que mi hijo empezó a andar y no ha vuelto a querer brazos. Afortunadamente siempre ha querido abrazos porque lo hemos achuchado mucho y ha sido porteado hasta… Bueno, aun lo porteamos cuando él quiere. ¡Solo son dos años!
  17. Gracias mi hijo mayor me enamoré nuevamente de su padre, o lo que es lo mismo, de mi marido. Pues sí, es que no sabía cómo iba a ser como padre y, la verdad, me sorprendió para bien. Es un luchador y, cada día, sale con una sonrisa para trabajar. ¡Y vuelve con una sonrisa para estar con nosotros! ¡Tiene paciencia infinita con los niños!
  18. La familia es importante. Gracias a mi hijo valoro mucho más a la familia e intento estar vinculada a ella, aunque no siempre comparta sus experiencias vitales.
  19. Querer lo mejor para él no significa no dejarle vivir su vida. Duele lo que voy a escribir pero mi hijo se tendrá que caer (ahora el golpe será físico pero en unos años será psicológico) y tendrá que levantarse. Siempre estaremos a su lado para acompañarlo y ayudarle en lo que necesite y podamos, pero será él el que tenga que luchar por salir adelante; el que tendrá que decidir su futuro, a su novia/o, su lugar de residencia, cómo educa a sus hijos, si quiere que estemos o no en la cena de navidad… Mi hijo tiene su propia vida. La que yo vivo es mía, pero la suya sólo le pertenece a él. Mi tarea es darle la autonomía suficiente para que vuele solo.
  20. Siempre he pensado que la mejor herencia que le podemos dejar a un hijo es un hermano y, ahora que he sido madre nuevamente, os confieso que si tener un hijo es una maravilla, tener dos es… MUCHO MEJOR.

Felicidades, tesoro. Gracias por tus enseñanzas. En estos dos años he aprendido mucho, aunque aún me queda más. Te quiere,

Mamá
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4 Comentarios

  • Reply
    Virginia García
    27/10/2014 at 10:34

    Felicidades a tu no tan pequeño!!! y a tí como madre. Son momentos muy importantes y espero que los puedas celebrar! seguiremos aprendiendo de ellos…besos

  • Reply
    Mamá de día y de noche
    27/10/2014 at 15:15

    Gracias! ¿No tan pequeño? Si hace nada que estaba embarazada de él… Qué rápidos se han pasado estos dos años! Seguiremos aprendiendo, sí. Son tan geniales!

  • Reply
    La Vera Donna
    27/10/2014 at 18:08

    Que bonita entrada y que lindo aprendizaje. Has hecho que me identifique con muchas cosas, sera porque también soy madre de un varón, y sí, ellos cambian tu vida, nos hacen revivir la sensación de amor profundo, con ellos el mundo se ve diferente, pero también mas claro, felicidades al pequeñajo y también para ti mamá!

  • Reply
    Mamá de día y de noche
    28/10/2014 at 11:38

    ¡Gracias por tus palabras! Los hijos nos traen muchas noches en vela pero tantas otras satisfacciones. Me alegra que te hayas identificado con cosas del post. Un abrazo

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