Hoy reflexionamos

Día de la mujer. #OrgullosaDeSerMujer

El domingo 8 de marzo celebramos el Día de la Mujer y he decidido, en el último momento, cambiar la organización del blog y unirme a la iniciativa de Pandora, llamada #OrgullosaDeSerMujer. Y, como en mi casa, todos son chicos menos la perra y yo, he decidido hacer como Lucíay dedicarles este post a las generaciones anteriores, que han sido las que me formado en carácter y de las que me siento orgullosa.

Las protagonistas del “post” de hoy
Empezando por mi abuela María. Es la única abuela que me queda viva y es la alegría de la casa. No ha tenido una vida sencilla, pero ha sido valiente y ha sabido enfrentarse a los duros acontecimientos de su vida con entereza, constancia y esfuerzo. Fue la tercera de seis hermanos, nacidos de un matrimonio rodeado de celos y malos tratos. Ella se casó con un hombre que, si bien se tomaba alguna copilla, nunca le puso una mano encima (se lo hubiera comido) y le daba la razón en todo. Tuvo tres partos, aunque la segunda nació muerta. Enviudó con 55 años y no hay día que no se acuerde de su marido. Abuela orgullosa de sus cuatro nietos, siente predilección por el género masculino, esos “chicos guapos” que tanto le hacen la pelota. Bisabuela por partida doble desde hace relativamente poco. Le encanta hacer repostería y nos tiene a todos conquistados con el sabor de sus magdalenas.
Mi madre, Pili. Es la pequeña y siente adoración por su hermano. No pudo estudiar carrera universitaria porque primero debía ir al instituto del pueblo que tenía (situado a 20 km) y su madre sentía pavor por si su hija se metía en problemas (o algún chico la miraba, imagino), así que se metió en el taller de costura y aprendió a coser (el resto de las tareas domésticas ya las tenía más que aprendidas, aunque la tortilla de espinacas nunca fue su fuerte). Formó, junto con el resto de trabajadoras, una cooperativa de trabajo cosiendo vaqueros y demás cosillas, y justo cuando empezaron a percibir dinerito, ella se marchó porque se casaba ¡Con 20 años! A los 21 ya me tenía en sus brazos y cuatro años más tarde ejercía de bi-madre. Nos permitió tener, a mi hermano y a mí, de una slow-life (infancia tranquila) que recordamos con cariño pues no teníamos que madrugar como nuestras vecinas para recorrer el mundo en busca de no sabemos qué. Se encargaba de gestionar la economía de la casa, de comprarnos ropa, llevarnos al colegio, actividades extraescolares, hacernos los disfraces, cosernos los agujeros de la ropa y ponernos rodilleras… Llevarnos al parque, prepararnos la comida, planchar hasta los trapos de cocina y seguir sonriendo aunque no siempre fuéramos los mejores hijos del mundo. Dice con cariño y alguna lagrimita en los ojos que fueron sus mejores años porque nos disfrutó mucho. Cuando yo empezaba el instituto comenzó a trabajar en la oficina (aunque ya llevaba tiempo echando las dos manos) con un horario más fijo que hizo que ciertas tareas tuviera que dejarlas para horas nada recomendables. Su súper-poder es tener un aguante increíble y una fortaleza física que le permite ser amable y sonreír cuando no ha dormido demasiadas horas.
Yo misma. Nunca me prepararon para ser ama de casa y, sin embargo, he sabido adaptarme a los tiempos y valorar con profundo agradecimiento poder estar cada día con mis hijos sin prisas. Estudié magisterio por vocación y ahora sé que era lo que debía ser. Me gusta la infancia y me gusta observar a mis hijos en silencio mientras pienso en todo lo que aprenden desde el conocimiento de esta etapa. A veces me agobio. A veces no soy perfecta. Pero me gusta ser imperfecta, pedir ayuda y necesitar a otros. Me gusta el contacto con la gente, hablar, reflexionar y tener tiempo para escribir en el blog. No siempre es fácil conseguir unos minutos de tranquilidad para mí misma, pero es la vida que, en gran medida, he elegido y me gusta. Escribiendo esto me estoy dando cuenta de que la educación que he recibido ha sido estupenda: he hecho lo que he querido desafiando reglas, luchando por mis derechos y teniendo presente a la familia. ¿Qué más se puede pedir?
Un recuerdo a otra gran mujer de mi vida
 Por último, haré una mención especial a mi abuela Elisa, que va a hacer diez años que se fue y aún la echo de menos. Fue una mujer valiente que no tuvo una vida sencilla y, sin embargo, recuerdo su casa siempre con flores rojas y rosas, muchos geranios, radiolé sonando y ella cantando en la cocina. Cocinaba que daba gusto y no había verano que no me hiciera un par de veces canelones, mi plato preferido. También recuerdo que nos daba la propina sin que el abuelo se enterara… ¡Cosas de abuelas! Madre de tres hijos, contaba que se quedó sin leche tras tener al tercero por un disgusto familiar, y se puso muy contenta cuando pudo volver a darle la teta a su hijo; que se destetó él solito cuando sintió que había llegado su momento. Llevo su nombre por ella, aunque en la adolescencia me lo cambié a Ely, como nombre de guerra.
Como veis, cada familia tiene sus cosas. Las mujeres de mi casa han sido grandes maestras en mi vida, con sus defectos y virtudes, no podía haber estado rodeada por ninguna mejor. ¡Feliz día de la mujer para todas! Y, si sois madres de varones como yo, celebradlo siendo las reinas que por un día nos lo merecemos, ¿verdad? #OrgullosaDeSerMujer
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1 Comentario

  • Reply
    Mamá de día y de noche - ¿Debemos obligar a los niños a comer?
    13/11/2015 at 16:58

    […] así. Pero a mi marido no le gusta con cebolla y, claro, alguien tiene que ceder. Me río porque mi abuela, mi madre y yo misma hemos dejado de hacerla con cebolla para que él pueda comerla tranquilo. Es una deferencia que […]

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