Hace 5 años me despedían.
La perspectiva del tiempo

El tiempo pasa muy deprisa, pero, en muchos momentos de nuestra vida, parece que no avanza, eso es cierto.

Ayer, sin ir más lejos, le decía a mi marido que la pequeña ha cumplido ocho meses y se me han pasado volando. ¿Cómo es eso posible?

Y, claro, al echar la vista atrás, nos dimos cuenta de que hoy, 30 de junio, se celebran 5 años desde que me despidieron.

Sí, me despidieron hace ya cinco años y eso hizo que “nuestro plan” se viera completamente girado.

No fue algo que me pillara por sorpresa porque ya cuando anuncié el embarazo la directora del centro ya dijo “otra más para el paro” pero bueno, siempre piensas que todo puede ser fruto de una broma de mal gusto.

No lo fue, evidentemente. Me llamaron para firmar y recoger el finiquito y acudí, pero acudí asesorada previamente por mi abogado: “ese despido es nulo, la maternidad está protegida y no te pueden despedir”.

Así que llegué, firmé, puse el famoso “no conforme” y me fui.

No sé si se esperaban que denunciara o pensaron que sería como las otras tres mujeres embarazadas a las que despidieron anteriormente (este dato lo tenía por compañeras, yo no lo viví).

Así que, estando embarazada de seis meses, tuvimos que comenzar una batalla legal con un intento de conciliación que fue de broma (porque intentan compensar un despido con 1245€ es de broma) y esperar a que saliera el juicio con los nervios y el estrés que me generó durante el embarazo.

Así que hoy, pasados cinco años y con tres hijos en nuestro haber, miro mi vida y pienso en lo diferente que ha sido y, sin embargo, no cambiara nada de ella.

Posiblemente, si hubiera continuado trabajando no hubiera tenido a los niños tan seguidos -o sí-, no hubiera tenido lactancias largas -o sí-, no hubieran disfrutado de una primera infancia tranquila, en casa, con mamá y haciendo del concepto “slow life” un lema de vida.

También es verdad que tendríamos más dinero, amortizaríamos antes nuestra hipoteca y podríamos irnos de vacaciones a la playa como hacen el común de los mortales, en lugar de estar decidiendo cuántos días nos vamos al pueblo y qué vamos a hacer sin piscina en la comunidad 😉

Pero nadie me ha contado cómo han empezado a gatear mis hijos, he podido despertarme con sus sonrisas y ver cómo se van haciendo autónomos y eligiendo pequeñas cosas en su día a día.

Todo en esta vida tiene pros y contras, es verdad.

No he tenido que separarme de mis hijos cuando tenían dieciséis semanas de vida y más te necesitan. No he tenido que ir a ningún sitio a trabajar con el estómago encogido y pellizcado -una sensación que solo conocen las madres que se han separado de sus bebés cuando sus insípidos permisos de maternidad se han acabado, pero no su labor de maternaje tan valioso para la vida y tan poco valorado-.

Hoy hace cinco años que me despidieron, sí. Pero también hace cinco años que comenzamos una nueva vida. Una vida más austera en cuanto a gastos superfluos. Una vida en la que prima la calidad frente a la cantidad. Una vida en la que prima la presencia frente al dinero. Una vida en la que estamos inmersos y que no sabemos si nuestros hijos la valorarán en algún momento o pensarán: “qué bien vivía nuestra madre sin hacer nada” pero una vida que, a pesar de nacer impuesta, hemos sabido encauzar y podemos disfrutarla, afortunadamente, con salud.

El tiempo pasa muy deprisa, pero hoy es día de celebrar todo lo que maduramos y crecimos como personas cuando aún éramos dos :) Porque hubo un tiempo en el que sólo éramos dos, pero de eso hace tanto tiempo 😉

Ely

Ely

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