Hoy reflexionamos

¿Deben los niños convivir con mascotas?

La pregunta a la que voy a dedicarle hoy el post tiene varias respuestas y todas son correctas. Dependerá de la familia, de la mascota, de los niños, del concepto de familia que se tenga, de la opinión que se tenga sobre la convivencia de animales y niños, de los valores que queramos darles a los niños, de la responsabilidad, del espacio… ¡Depende de tantas cosas que creo que es imposible tener una respuesta como la acertada! Y es que no es nada fácil contestar a la pregunta ¿deben los niños convivir con mascotas?
Hay familias que no tienen mascota y viven felices. No se plantean tener animales en casa y la llegada de los niños no hace que se “ablanden” cuando los niños, al llegar a determinada edad, piden un perrito o gatito para Navidad. Hay diferentes cuestiones que les hacen pensar que no deben tener mascota en casa: que los niños no van a ser responsables con ellos porque aún son pequeños y los padres no quieren un perro al que sacar varias veces al día a la calle; el tema de los pelos; el tema económico; el problema de qué hacemos con la mascota en vacaciones; y si hay alguna alergia el tema se complica porque la salud es lo primero.
Me parece una opción responsable la de no tener perro si no quieres asumir esa responsabilidad porque, efectivamente, los niños son niños y, aunque lo pidan con ilusión, luego no son tan continuos como nos gustaría. A fin de cuentas se es niño una sola vez y la responsabilidad se adquiere poco a poco. Si como padre o madre no quieres asumir esa responsabilidad, es mejor que no tengáis mascota. ¡Aunque también entiendo que es tan difícil cuando piden algo con esos ojillos tan llenos de ilusión!
Hay familias que aunque no tenían perro, cuando los niños piden tener una mascota, se reúnen en familia y valoran los pros y contras de tener una mascota en casa, deciden dónde comería, quién lo sacaría por la mañana, cómo harían los turnos y, si llegan a acordar adquirir una mascota, la eligen entre todos. Esto también es una opción válida y responsable puesto que toda la familia decide y apuesta por ello. Los padres no debemos olvidar nunca que los niños son niños y que si aceptamos esta propuesta, debemos de ser los primeros en estar “al quite” con la mascota en cuestión.
Y hay familias que tuvieron perro antes de tener niños y comprobaron, al nacer sus hijos, el grado de generosidad y lealtad que tienen nuestras mascotas con los más pequeños de la casa, siendo la sombra de nuestros bebés y estando atentos a cada paso que dan. Y ante eso no podemos decir otra cosa más que “no imagino a mis hijos sin una mascota”.
Nuestra historia es la última. Cuando conocí al que hoy es mi marido le pregunté si le gustaban los perros y los niños, ya que eran preguntas fundamentales para poder enamorarme. En mi casa no había tenido perro, mis padres nunca quisieron y me dije a mí misma que, cuando tuviera casa, tendría al menos un perro al que cuidar, querer, pasear… El destino quiso que cruzara por nuestro lado una preciosa perra mezcla de Husky Siberiano con algún perro pequeño que se mantuvo en el tiempo como si fuera un cachorro de husky. No tenía chip ni dueño y decidió seguirnos por la calle, así que aceptamos su compañía y terminó cenando salchichas con kétchup esa noche. Le  pusimos por nombre Lula, como la perra de Pocoyo y fue una perra estupenda. No tuvimos mucha suerte con ella y un año después de encontrarla murió en un desgraciado accidente. ¡La lloramos tanto! Aún hoy recordamos su mirada (tenía un ojo de cada color) y esa cara de buena, siempre fiel y siempre agradecida.
Buscando una nueva compañera de fatigas nos enamoramos por internet de una preciosa perra que estaba en una perrera. Cuando fuimos a buscarla otra pareja preguntaba por Perla y no queríamos disputas porque, además, apareció un cachorro recién traído de un cubo de basura al que no permitimos que pasara un solo día en la perrera. La llamamos Mikaporque era muy pequeña… ¡Menos mal porque se convirtió en un caballo! Mika, afortunadamente, sigue con nosotros aunque vive en casa de mis suegros, en un patio grande en el que puede hacer travesuras y correr por el campo dando largos paseos con mi suegro. De Perla nos enteramos que la familia que preguntó por ella tampoco se la llevó y que a los pocos días la perra empezó a vomitar sangre porque tenía un virus y tuvieron que sacrificarla sin remedio.

 
Cuando mi marido buscaba piso yo solo me preocupaba de que tuviera espacio suficiente como para tener a un perro. Al mes de estar en el piso me bajé hasta Úbeda (Jaén) para traer a una perrita preciosa que me enamoró desde la primera foto que me mandaron y a la que llamé (sí, lo decidí yo) Noa. Noa fue una niña peluda que nunca fue perra, más bien era una niña metida en un cuerpo de perro porque entendía todo lo que decíamos y tenía carácter. Era lista, dinámica, inteligente… ¡Siempre atenta y siempre fiel, aunque cuando se enfadaba porque algo no le gustaba se meaba en el salón mirándote a los ojos! 
 A los dos años de tenerla, decidimos tener otro perrito también pequeño para que pudiera jugar y tener un compañero a su lado 24 horas al día, también mientras nosotros trabajábamos. Fue entonces cuando llegó a nuestra vida Tiza, una perra andaluza también que había sido atropellada y que le faltaba un trozo de fémur, por lo que es coja. En principio me gustaba el nombre de Tara para ella, pero cuando vi la cojera pensé que ponerle Tara era tener muy mal gusto. 
Noa estuvo tres días sin mirarnos y sin hacerle ni caso, pero al cuarto día decidió perdonarnos y hacerle un hueco en su cama y en su corazón. Nunca la dejaba sola y, cuando la operaron para quitarle el trozo sobrante de fémur que no había encajado en ningún lado, ahí estuvo a su lado para que no corriera (era una cachorra con 4 meses, imaginaos). Y cuando se luxó la rótula, también estuvo a su lado. Siempre estaba pendientes la una de la otra. Y siempre atentas a nosotros. Noa ayudó a Tiza a sobreponerse de esta “discapacidad” y si Tiza puede correr tanto y saltar como si no le pasara nada, fue porque Noa la animaba a correr, a moverse por el campo y perseguir conejos (que, a veces, eran más grandes que ellas).
Cuando nació Álvaro, mi hijo mayor, Noa también estuvo unos días sin mirarme. Siempre le han costado los cambios y traer un bebé humano fue mucho para ella. Tiza, sin embargo, se tumbó al lado de la cuna del bebé y ahí se quedó. Noa aprendió a ver a Álvaro y a quererlo y dejarse achuchar por él, pero siempre que podía escapaba de sus garras. Tiza, para eso, ha tenido más paciencia. 
El día que me enteré de que estaba embarazada de Diego, Noa se escapó. Pasó todo el día fuera de casa porque se enfadó. Pensaría que dónde iba a quedar ella si volvía a traer otro bebé humano a casa. Afortunadamente, por la noche volvió y lloramos de alegría. Unos meses después la perdimos para siempre. No llegó a conocer a Diego. No llegó a comprobar que todos tienen sitio en nuestra casa y nuestra vida. Aun hoy la lloramos… Tiza también.
 

A los pocos días de perder a Noa, para no afrontar lo que había pasado, adoptamos otra perrita. ¡Otro caballo! Y no pudo quedarse en casa, claro. 50 m2 para Grapa eran demasiado pocos y, aunque era maravillosa con los niños, tuvimos que llevarla a la parcela de los abuelos para que tuviera espacio para correr, jugar y trepar. 
Tiza es la única que vive con nosotros ahora, aunque no descartamos tener otra perra pequeña. El tamaño, por el piso en el que vivimos, es importante. Tiza pesa 5 kilos y es un amor de perra, de verdad. Es buena, tranquila, paciente… ¡tuvo sus momentos de no querer volver a casa porque le encantaba estar en el campo pero pasó! Ha liado algunas averías pero ahora son anécdotas. Ahora doy las gracias por haber adoptado a todas estas perras, por el tiempo que han estado o están con nosotros; por todo lo que nos han enseñado, en especial a mí, que me han enseñado a valorar el día a día, porque nunca sabes cuándo se termina la historia. Para mí tiene muchas cosas positivas que mis hijos crezcan con mascotas. Por eso tenemos perro, pájaro y peces… Ven la vida y la muerte, son procesos normales y naturales que deben afrontar en su vida. Deben aprender de los perros a tener paciencia con los pequeños, a ser atentos con la familia, a ser leales… Ahora miro a Tiza y le doy las gracias por seguir con nosotros. Gracias a los abuelos (paternos y maternos) por cuidarnos a Mika y a Grapa, no os podéis quejar porque son guapísimas. Y gracias a Lula y a Noa por haber sido estrellas fugaces que nos hicieron querer el mundo animal. 
Os dejo unas fotos de Álvaro con las perras. No puedo poner muchas porque en casi todas sale de frente y ya sabéis que intento proteger su imagen y que no salga su cara… ¡Manías que tiene una!

¿Y vosotros creéis que es importante que los niños crezcan con mascotas? ¿Tenéis animales en casa? ¿Cuál ha sido vuestra experiencia? ¡Gracias por comentar!
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10 Comentarios

  • Reply
    La Vera Donna
    13/04/2015 at 13:56

    Precioso. Nosotros adoptamos un perro que ya era un caballo en el CIAM de Colmenar Viejo, era muy grande cando lo adoptamos pero ya sabéis que los perros grandes tienen menos oportunidades de conseguir casa, y como es tan tranquilo, es un montaña de los pirineo, aunque mi casa no es enorme y no cuento con jardín solo un patio, no ha habido problemas, el pasa el día durmiendo ya da tres paseos diarios. Ahora dos. Ver a MiniMoi con Aslan es hermoso, el perro cuida al bebé y el niño lo fastidia mucho, pero el perro es un santo. Si opino, ahora con mi experiencia, que lo ideal es tener a los niños antes, porque puede ser mucho trabajo llevar una casa, un perro y un bebé. Aunque hay quien se apaña de maravilla y lo puede llevar todo a la perfección. A mi me enloquecen los pelos, y sus ladridos de 65 kilos, debo confesar y a veces me hubiese gustado adoptar a un perro mas pequeño, pero cuando pienso en lo felices que somos en casa con este grandullón no lo cambiaría por nada en el mundo!

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    Ely - Mamá de día y de noche
    13/04/2015 at 15:36

    Hola! Qué bien! La verdad es que todos los perros recogidos son afortunados y saben agradecer el cariño que les damos. Yo he visto alguna foto de tu perro con tu hijo y son los dos preciosos. Muchas gracias por pasarte y por comentar. ¡Gracias, de verdad! Sé lo que sientes con respecto a los pelos porque yo también tengo días que no sé si hacer algún jersey con ellos pero hija, es que los perros tienen pelos y los queremos con el pack completo! Un besazo

  • Reply
    Mami Reciente Cuenta
    13/04/2015 at 16:40

    Que bonita entrada!
    Pues nosotros somos una familia de 5. Tres personas, dos gatos. Y mi vida sin ellos no sería tan bonita.
    He tenido animales, siempre de la calle, no me gusta comprar, pienso que todos se merecen una oportunidad. Cuando tenía 13 años y la esperanza perdida, mi padre llegó con un perro, el más bonito que había visto nunca, para mi. Hasta que cumplí los 18 dormía conmigo, junto a mi cama. Cuando me fui de casa, era el único que siempre venía a recibirme a la puerta.
    Después, con mi anterior pareja, y un tiempo de convivencia, decidimos que queríamos tener un gato. Él es amante de los gatos y yo, pues de cualquier animal. Así que la tía de una amiga, se había encontrado una camada de gatos abandonados y fuimos a buscar uno.
    Me enamoré tan solo verlo. Totoro, aixxx, mi Totoro. Blanco y negro, con la cola rota, el más pequeño de la camada y el único a manchas (todos eran atigrados). Fue amor a primera vista.
    A las dos semanas de tenerlo en casa, la mujer me llamó de que un hermanito (en aquel momento pensábamos que era hermanita) se había quedado sin casa y nos preguntó si teníamos algún amigo que quisiera un gatito. Y nosotros pensamos, donde cabe un gato caben dos. Así que nos lo quedamos. Este lo llamamos Neko.
    Y desde entonces están juntos, no se separan para nada.
    Cuando nació la peque, dejé que se acercaran y la olieran y como yo pensaba, los dos dieron media vuelta y siguieron con su vida.
    Ahora que tiene 9 meses, uno de ellos, Totoro, se empieza a acercar y a dejarse tocar. Neko es muy posesivo y no creo que le gustara mucho la nueva inquilina. De ahí que no se acerque. Aunque nosotros siempre le dejamos que venga al sofá donde estamos todos.
    Creo que si una familia sabe todo lo que hay que saber sobre animales, si sabe lo que todo eso conlleva y lo estudian bien. ¿Por qué no tener un animal? La verdad es que te hacen mucha compañía y son grandes amigos.

    Justamente, el otro día, vino mi primo con su familia a casa. Pasamos un momento para que la vieran, pues no habían estado nunca. La hija mayor tiene pavor a todos los animales. Sean como sean, y no es que ningún animal le haya atacado, si no que tiene miedo, sin más. Ese miedo, tan tonto, hizo que se pusiera a llorar cuando mis gatos se acercaron a ellos para olerlos. Tal fue así, que al final decidimos irnos con ella a la calle. Porque no quiero encerrarlos cuando los pobres están a gusto en su sitio.
    Saludos

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    Ely - Mamá de día y de noche
    18/04/2015 at 08:01

    Este comentario ha sido eliminado por el autor.

  • Reply
    Ely - Mamá de día y de noche
    18/04/2015 at 08:05

    Bueno, es que el miedo es tremendo! Nosotros con Álvaro hemos salido todos los días desde que nació con perros pero siempre le decimos que estos perros son de confianza pero que debe preguntar antes de tocar a alguno porque no todos quieren caricias. Y la verdad es que sólo toca a los que conoce y es bastante prudente con el resto de perros. Pero es que hay niños que tienen miedo por malas experiencias de los padres, que nunca les ha pasado nada con los animales… Imagino que también influimos en eso, claro! Gracias por pasarte y comentar! Besos

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    Madre desesperada
    20/07/2015 at 20:39

    Casi lloro con tu post. Para mí, el perro de mi vida fue Odie. Yo tenía 16 años cuando entró en mi vida con quince días de vida. Mi madre lo compró por dos perras en un puesto Callejero en el que cada palabra fue una mentira: que si tenía tres meses, que si iba a ser pequeño… 30 kilos de amor de perro. Salió de mi vida cuando yo tenía 31 y fue una tragedia para mí. Yo ya tenía a mis dos gatos en mi casa. Luego vinieron tapón, pitufo y micra, pero mo ha sido igual. A mis gatos los adoro, pero tampoco es igual. Mis niños no conciben la vida sin los peluditos. El día que falten no va a haber lágrimas en el mundo para llorarles

  • Reply
    Ely - Mamá de día y de noche
    20/07/2015 at 22:58

    ¡Es que a nuestras mascotas las queremos como miembros de la familia que son! Sabemos que lo normal (y deseable) es que tengamos que perderlos pero siempre pensamos que será cuando sean muy mayores… No sé si me leíste pero hace más de un mes volvimos a traer a Grapa a casa y estamos encantados! Es un amor de perra y los niños andan felices! Así que eso de que las segundas partes nunca fueron buenas no acierta siempre. Muchas gracias por compartir tu historia… Ninguno es igual a otro, pero todos son especiales! Un abrazo

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    Madre desesperada
    20/07/2015 at 23:05

    Estoy segura de que Grapa es la perrita más feliz del mundo con vosotros. Se les quiere tanto…

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    Mamá de día y de noche - El té de los viernes (V)
    07/12/2015 at 11:28

    […] hablando de perros, Grapa ha vuelto a casa. El martes por la tarde la trajo mi padre del pueblo previa petición nuestra, claro. Es que la […]

  • Reply
    Cambiar hábitos de vida en deporte y alimentación es posible
    06/03/2016 at 07:30

    […] mejor forma de practicar deporte y vida saludable lo he encontrado cuando decidí tener mascotas en casa. Puede parecer raro pero el hecho de tener que sacar a las perras hizo que conociera gente, que me […]

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