Hoy reflexionamos

Cuando tus hijos (pequeños) tienen sus propios planes

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Aquí estamos, a mediados de septiembre, asumiendo que nuestro hijo mayor, Álvaro, se hace mayor.

Nunca pensé que llevaría mal que se hiciera grande, es verdad. Siempre me digo a mi misma que no soy perfecta, que tengo fallos, pero esto me ha pillado por sorpresa.

¿Qué se hace cuando tu hijo tiene sus propios planes de vida?

Mis hijos no son mayores. Álvaro cumplirá cuatro años el mes que viene, Diego acaba de cumplir los dos y la pequeña Lucía llegará a nuestro mundo (el extrauterino, se entiende) dentro de unas pocas semanas.

Siempre he dicho que mis hijos son muy responsables para la edad que tienen. Son autónomos desde que nacieron. Les gusta -a los dos- hacer las cosas por sí mismos y estoy orgullosa de que tanto su padre como yo hayamos aportado por una educación libre, pero con consecuencias y responsabilidades.

Me encanta cómo están creciendo y haciéndose niños mayores. Me encanta ver cómo crecen… Pero reconozco que esto no estaba en mis planes.

Como ya sabéis, mis hijos no están escolarizados. Bueno, no lo estaban hasta este lunes. El viernes, tras una charla con Álvaro nos expuso sus ganas de ir al cole y aprender cosas, estar con otros niños y luego estar en casa con papá y mamá.

Hemos pasado un fin de semana rellenando papeles y buscando cositas -muy pocas, la verdad- y el lunes se quedó en su clase, con su profesora y sus compañeros. Tranquilo, sereno y sonriente.

No os puedo transmitir lo que sentí porque es una mezcla entre orgullo por el niño en el que se ha convertido y la pena de saber que el cordón, cada día, se va rompiendo más y más.

Está un colegio pequeño, tranquilo. La clase es estupenda con materiales a su altura, juego no reglado y una maestra que quiere que vayan tranquilos y felices a clase. No hay prisas por nada y cada niño lleva su ritmo. ¡Maravilloso! Además, son pocos alumnos así que hay ambiente familiar.

Va contento, mucho. Y Diego estaría encantado de quedarse con su hermano, pero ahora le toca pasar unas semanas como hijo único hasta que nazca Lucía.

Álvaro se hace mayor.

Decide desde hace mucho tiempo qué ropa lleva, qué zapatillas se pone y, a veces, hasta prepara él la comida. Decide tantas cosas por sí mismo y está tan seguro que me asombra que solo vaya a cumplir cuatro años.

Este verano ha crecido. Ha cambiado. Está más maduro, más extrovertido y más dinámico. Habla con una serenidad que me encanta y, aunque tiene sus momentos, cada día es más y más mejor persona.

Orgullosa de que decida por sí mismo, sin presión, sin angustia, sin llantos. La alegría de ir a un sitio y estar a gusto, tranquilo, descubriendo y aportando lo que ya sabe.

Comienza una nueva etapa. Y aunque “solo son unas horas” como él me dice a mí, sé que el principio de la independencia empezó hace tiempo. lo he educado para esto: para que sea autónomo y libre.

Sabía que quería que mis hijos tuvieran raíces y alas. Raíces para saber que siempre estaremos y alas para volar tan lejos como puedan y quieran.

“Sigue al niño” dice María Montessori. Eso estoy -estamos- haciendo. Seguir lo que él demanda. Está bien. Está contento y eso es lo fundamental. Confianza y seguridad no le faltan, así que aquí nos tiene y nos tendrá.

Ya os contaré como ha sido su adaptación, que ha sido muy curiosa 😀

¡Feliz día y felices vuelos, pequeños!

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