Alimentación

¿Cómo introducimos los alimentos después de los seis meses?

Hace ya casi un año que recibí un correo electrónico de Ainara, autora de Piezecitos y mamá de Chloe. En él me preguntaba sobre la alimentación complementaria. Habían pasado seis meses con lactancia materna exclusiva y a demanda, y tanto su marido como ella estaban buscando información sobre la alimentación complementaria respetuosa con la niña, con sus necesidades y ritmos. 
Mantuvimos una conversación vía mail en la que le expliqué cómo lo había hecho con Álvaro. Esto fue lo que le conté: durante los seis primeros meses de vida estuvimos con lactancia materna exclusiva y a demanda. A partir de ese momento, lo que hicimos fue atender a las necesidades de nuestro hijo. Y es que mi pequeño primogénito nunca quiso probar el puré. Imagino que el sabor era tan distinto al de la leche que no le gustaba nada, así que nunca le obligué. Reconozco que al principio me molestó un poco porque había preparado purés de varias verduras y los tenia congelados en las cubiteras para ir sacando del congelador los cubitos que fuera necesitando y evitar tirar comida, pero bueno, no tuve otra opción que comérmelos yo y buscar información. Carlos González tiene varios libros escritos y en alguno habla más que en otros de la alimentación infantil. Quizá leerle fue un descubrimiento para mí porque nunca me había parado a pensar que la Thermomix no existía en el siglo XV y, sin embargo, los niños habían crecido y se habían hecho hombres… 
El método en cuestión se llama Baby Led-Weaning (BLW, son sus siglas) y es una forma de introducir la alimentación complementaria siendo un proceso auto-regulado por el bebé. Para que nos hagamos una idea clara os diré que nosotros, simplemente, empezamos a darle comida casera (de la que nosotros comíamos) siempre que tuviera una textura que pudiera “masticar” con las encías. El pecho no lo dejamos en ningún momento ni dejé de darle en ninguna toma (más que nada porque nunca ha tenido tomas marcadas, la demanda es lo que tiene). A veces es bastante contradictorio el tema de las comidas porque se llama “Alimentación complementaria” y, sin embargo, las recomendaciones de los pediatras y enfermeros son retirar tomas de pecho como si ya no alimentara o no fuera necesario para el desarrollo del bebé. 
Yo le daba el pecho y, cuando iba a sentarme en la mesa, lo sentaba conmigo y le dejaba cosas que él pudiera comer (o jugar) también sentado. Pero claro, para eso tiene que poder sentarse correctamente en una trona, aguantando su peso y tener interés en la comida que nosotros tenemos. Si no, será que su momento no ha llegado y debemos esperar. No hay que obsesionarse, la leche no tiene fecha de caducidad. A los seis meses y diez días la leche materna (y la artificial) alimentan lo mismo que a los cinco meses y veinte días. Una vez que el peque controló su cabeza, su tronco y espalda y tenía las manos libres y mucho interés en el tema de la comida, le dejaba experimentar con ella. No siempre iba la comida a la boca, pero es lo bueno de tener perro en casa, ¿no?
Para mí lo fundamental era que se fuera familiarizando con el momento de la comida: momento agradable en el que todos hablamos, conversamos, reímos y pasamos un tiempo en familia (aunque de lunes a viernes seamos dos en la mesa). La cantidad la decidía él y, poco a poco, empezó a comer más cantidad y más alimentos. La verdad es que lo hicimos de una forma natural, poco a poco, sin prisas. Para nuestra tranquilidad, él seguía mamando por lo que alimentado estaba. No bajaba de peso, siempre estaba contento y nunca se puso malito. La comida nunca fue un problema y, aunque también tuve mis momentos de dudas y preocupación, reconozco que Álvaro ha sabido enseñarme que no merece la pena intentar forzar la comida. Hay días que come más y otros que come menos, igual que nosotros. Y hay cosas que le gustan más y cosas que le gustan menos, igual que a nosotros
Una de las cosas que más me gusta es que siempre ha estado muy abierto a probarlo todo. Le daba igual el color de la comida o el olor, con ver que nosotros lo comíamos (somos modelos para todo) era suficiente para que él, al menos, lo probara y decidiera si quería más o menos. 
El mejor consejo que os puedo dar es que no os agobiéis y sigáis a vuestros hijos. Ellos saben lo que necesitan y la cantidad que necesitan. Lo ideal es que la comida no sea un problema, sino que sea un momento placentero. Pensad en que si vais a un restaurante, vosotros también comeréis más si os gusta la comida; ellos igual. 
Espero que os haya servido este post. Si tenéis cualquier duda, no lo dudéis, contactar conmigo a través de las RRSS o del email. Seguro que podremos resolverlo juntos y, si no, preguntaremos a otros padres/madres/médicos/pediatras… Entre todos, nos podemos ayudar mucho. ¡Gracias!

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