Embarazo Reflexión

¿Cómo es un parto con epidural? Mi experiencia personal

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Cuando estamos embarazadas y estamos esperando nuestro primer hijo siempre nos preguntamos cómo será eso de dar a luz. En las clases de preparación al parto nos cuentan cómo cuidar a nuestro bebé durante las primeras semanas, qué ejercicios deberíamos hacer mientras estemos embarazadas para mantenernos ágiles, cómo cuidar nuestro perineo… ¡y también cómo es eso de dar a luz!

Puede ser que, en tu caso, decidas tener una cesárea programada o una inducción programada, aunque lo más normal es que el parto se desencadene de forma espontánea y sea un parto vaginal. Al llegar al hospital te preguntarán si deseas ponerte la anestesia epidural o no. Es una decisión personal y, como tal, creo que lo mejor es informarse previamente de los efectos que tiene esta anestesia tanto en ti como en el bebé, y que sopeses la balanza teniendo en cuenta que la máxima ventaja de la anestesia epidural es que dejarás de sentir el dolor del parto. Pero como he dicho, es una decisión personal.

Hoy te cuento cómo fue mi experiencia personal de parto con anestesia epidural. El uno de octubre (estando de 39+1), a eso de las siete y media de la tarde tuve monitores con la ginecóloga que me estaba llevando el embarazo (entonces tenía compañía de sanidad privada y hacía uso de ella para el control del embarazo y parto). No tenía contracciones y me dijo que estaba muy verde todo, así que podía estar tranquila. Volvimos a casa, cenamos y nos fuimos a dormir. A las dos y media de la mañana (ya estaba de 39+2) tuve la primera contracción de parto. No volví a sentir ninguna hasta 30 minutos después. Luego, se repitió a los 15, luego a los 10 y estuve un buen rato teniéndolas cada 10 minutos. Hice un cuadrante con la duración de la contracción, la frecuencia y la hora a la que sucedían las contracciones para tener registrado todo y con el fin de mantenerme en casa, tranquila, hasta que viera que el parto se acercaba. Sobra decir que la matrona que nos dio las clases de preparación al parto nos dijo por activa y por pasiva que debíamos ser pacientes y no salir para el hospital hasta que tuviéramos 1 contracción de 1 minuto de duración cada 5 minutos (la regla del 1-1-5), siendo primíparas.

Cuando vi que se estabilizaban las contracciones y que ya eran cada cinco minutos, me duché y desperté a mi marido. Nos fuimos al hospital y, tras hacer el ingreso, me dejaron en una sala de observación sabiendo que tenía una dilatación de entre 4-5 centímetros. La verdad es que el hecho de estar solos nos hizo hablar y relajarnos. Mi único problema es que las contracciones siempre me molestan en la zona de los riñones, así que tenía que presionar con los pulgares para mitigar el dolor.

Cuando vi que ya no podía soportar más el dolor pedí que me pusieran la epidural. No había leído mucho sobre los efectos secundarios y, de hecho, quería intentar un parto sin ella, pero viendo cómo dolía y al decirme un enfermero que aún me quedaba mucho (todo sin mirarme), pues tiré la toalla.

Cuando logré que me hicieran caso (esto de ser primeriza es lo que tiene), me llevaron a quirófano y me pusieron la epidural. En mitad del proceso la anestesista tuvo que parar porque tuve una contracción tremenda y rompí aguas. Cuando terminó me temerme la anestesia yo dejé de sentir… Ni dolor, ni niño, ni nada… Pero si aún me quedaba tanto prefería no tener dolor…

Y me preguntaron que qué dilatación tenía… “Ah, pues cuando ingresé a las 8 de la mañana tenía entre 4 y 5 centímetros”. Sólo eran las 9.30, así que, según sus cálculos tendría, como mucho 6 o 7 centímetros… Pero al mirarme no se lo podían creer: dilatación plena, y la cabeza fuera. “Llamad al padre que se lo pierde”- escuché. “Perdona, es que no he llamado aún ni a mi madre, ¿Cómo voy a tener ya al bebé?”- dije.

Una enfermera intentó ponerse encima de mi barriga (Maniobra de Kristeller) y le dije que me dejara intentarlo a mí sola. “No vas a saber, llevas la epidural”- me dijo. “Déjame intentarlo” – respondí. Recordé las clases de preparación al parto, metí el aire en el estómago e hice fuerza con el aire tal y como me explicaron. “Lo hace bien” – dijo la ginecóloga.

Mi marido se puso los protectores de pies, un batín sin abrochar y un gorro. Pasó, me dio la mano y me dijo “ya está aquí”. De repente escuché a la ginecóloga que me decía “Voy a tener que cortarte un poquito, para que no te desgarre al salir, ¿vale?”. “Vale, tú eres la que sabe, ¿no?” – respondí. A las 09.45 horas teníamos a Álvaro en nuestros brazos. Fácil, sencillo y sin dolor. Dos puntos por fuera y a la habitación con nuestro hijo y nuestra oxitocina.

¿Lo peor? Al ponerme la epidural dejé el protagonismo al equipo médico porque yo no sentía nada mi cuerpo. No sabía que necesitaba, si respirar o cambiar de postura. Las piernas las tenía dormidas y recuerdo ver los tobillos atados (imagino de para evitar que en algún momento pudiera dar una coz). La episiotomía fue realizada de forma rutinaria, con un consentimiento que ahora sé que fue producto del miedo sin saber las consecuencias de ella.

Fue un parto bueno, sin duda. Fue rápido e indoloro pero hoy sé que no fue natural. Mi instinto mamífero se fue tras inyectar la anestesia y, si me hubieran mirado antes de ponerla, no lo hubieran hecho porque tenía dilatación plena y faltaban dos empujones. Pero eso lo analicé después.

Desde luego, después de haber tenido a Álvaro, cuando recuperé el instinto mamífero, empecé a preguntarme por muchas cosas y comencé a leer, informarme, documentarme y quizá por eso, en mi segundo parto, elegí un parto respetado, vaginal y sin epidural.

A modo de resumen te dejo un cuadro con las ventajas e inconvenientes de la anestesia epidural

Ventajas Inconvenientes
Estás consciente durante el proceso de parto. Se pierde la capacidad para los pujos, por lo que necesitas que te indiquen, en todo momento, cuando tienes contracción para realizar el pujo.
No sientes el dolor de las contracciones, ni cuando llega el momento de coronar con la cabeza o la salida al exterior del bebé. Pierdes la sensibilidad de la vejiga por lo que pueden ponerte una sonda para conseguir que hagas pis.
Bajada de la presión arterial
Dolores de cabeza
Escalofríos
Dolores de espalda en la zona de la punción
Expulsivo más largo
El bebé deja de recibir endorfinas porque la madre no segrega esta hormona analgésica natural y siente el dolor del parto.

Para más información, te recomiendo que indagues en la página “El parto es nuestro” que está lleno de casos reales, recomendaciones de expertos y es una asociación sin ánimo de lucro formada por personas que desean que el embarazo, parto y post-parto sean mucho mejor tratados en nuestro país.

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