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Animales exóticos y niños, una combinación divertida

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Sí, desde que soy pequeña he sido una gran amante de los animales y los que me conocen lo saben. Es algo que desde siempre he sentido y me ha gustado sentir: el amor hacia el reino animal hace que respete a los seres vivos –a todos- y, si tuviera una casa más grande, segura estoy de que tendríamos más animales compartiendo espacio y experiencias en casa. Leer más »

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6 consejos para tener un cachorrito en casa

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Es muy normal que llegue determina edad en la que los niños quieran tener una mascota en casa. Yo siempre digo que la relación que se crea entre los niños y sus mascotas es especial, pero eso no significa que todas las casas sean adecuadas para tener un animal a su cargo. No por falta de cariño (ni mucho menos) sino, por no poder atender ciertas necesidades y cuidados que requiere un animal. Leer más »

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¡Mascotas bienvenidas! Ellas también son parte de nuestra familia

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Hace unos días acudía a una papelería para recoger unos documentos y aproveché que hacía buen tiempo para ir dando un paseo. Esto teniendo tres niños no es sencillo como podréis comprender: entre la mochila con la pequeña, el carro de apoyo para el mediano -que se cansa de andar y me pide brazos – y el mayor que, a veces, también se cansa de pasear o no quiere llevar todas las cosas que ha cogido de casa para dar una vuelta -creo que piensa que nos mudamos o algo, porque el nivel de juguetes, a veces, no es normal-. Fácil, fácil no es. Leer más »

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Niños y perros, ¿una buena combinación?

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A menudo, cuando comenzamos una vida en común con nuestra pareja, nos planteamos la posibilidad de tener un cachorro que llenará nuestro hogar de amor y compañía.

Vale, al principio nos la llenará de algunas cosas más, pero es cuestión de tiempo que aprendan a hacer sus cosas en la calle -y los dueños las recojan 😉 -. Leer más »

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¿Deben los niños convivir con mascotas?

La pregunta a la que voy a dedicarle hoy el post tiene varias respuestas y todas son correctas. Dependerá de la familia, de la mascota, de los niños, del concepto de familia que se tenga, de la opinión que se tenga sobre la convivencia de animales y niños, de los valores que queramos darles a los niños, de la responsabilidad, del espacio… ¡Depende de tantas cosas que creo que es imposible tener una respuesta como la acertada! Y es que no es nada fácil contestar a la pregunta ¿deben los niños convivir con mascotas?
Hay familias que no tienen mascota y viven felices. No se plantean tener animales en casa y la llegada de los niños no hace que se “ablanden” cuando los niños, al llegar a determinada edad, piden un perrito o gatito para Navidad. Hay diferentes cuestiones que les hacen pensar que no deben tener mascota en casa: que los niños no van a ser responsables con ellos porque aún son pequeños y los padres no quieren un perro al que sacar varias veces al día a la calle; el tema de los pelos; el tema económico; el problema de qué hacemos con la mascota en vacaciones; y si hay alguna alergia el tema se complica porque la salud es lo primero.
Me parece una opción responsable la de no tener perro si no quieres asumir esa responsabilidad porque, efectivamente, los niños son niños y, aunque lo pidan con ilusión, luego no son tan continuos como nos gustaría. A fin de cuentas se es niño una sola vez y la responsabilidad se adquiere poco a poco. Si como padre o madre no quieres asumir esa responsabilidad, es mejor que no tengáis mascota. ¡Aunque también entiendo que es tan difícil cuando piden algo con esos ojillos tan llenos de ilusión!
Hay familias que aunque no tenían perro, cuando los niños piden tener una mascota, se reúnen en familia y valoran los pros y contras de tener una mascota en casa, deciden dónde comería, quién lo sacaría por la mañana, cómo harían los turnos y, si llegan a acordar adquirir una mascota, la eligen entre todos. Esto también es una opción válida y responsable puesto que toda la familia decide y apuesta por ello. Los padres no debemos olvidar nunca que los niños son niños y que si aceptamos esta propuesta, debemos de ser los primeros en estar “al quite” con la mascota en cuestión.
Y hay familias que tuvieron perro antes de tener niños y comprobaron, al nacer sus hijos, el grado de generosidad y lealtad que tienen nuestras mascotas con los más pequeños de la casa, siendo la sombra de nuestros bebés y estando atentos a cada paso que dan. Y ante eso no podemos decir otra cosa más que “no imagino a mis hijos sin una mascota”.
Nuestra historia es la última. Cuando conocí al que hoy es mi marido le pregunté si le gustaban los perros y los niños, ya que eran preguntas fundamentales para poder enamorarme. En mi casa no había tenido perro, mis padres nunca quisieron y me dije a mí misma que, cuando tuviera casa, tendría al menos un perro al que cuidar, querer, pasear… El destino quiso que cruzara por nuestro lado una preciosa perra mezcla de Husky Siberiano con algún perro pequeño que se mantuvo en el tiempo como si fuera un cachorro de husky. No tenía chip ni dueño y decidió seguirnos por la calle, así que aceptamos su compañía y terminó cenando salchichas con kétchup esa noche. Le  pusimos por nombre Lula, como la perra de Pocoyo y fue una perra estupenda. No tuvimos mucha suerte con ella y un año después de encontrarla murió en un desgraciado accidente. ¡La lloramos tanto! Aún hoy recordamos su mirada (tenía un ojo de cada color) y esa cara de buena, siempre fiel y siempre agradecida.
Buscando una nueva compañera de fatigas nos enamoramos por internet de una preciosa perra que estaba en una perrera. Cuando fuimos a buscarla otra pareja preguntaba por Perla y no queríamos disputas porque, además, apareció un cachorro recién traído de un cubo de basura al que no permitimos que pasara un solo día en la perrera. La llamamos Mikaporque era muy pequeña… ¡Menos mal porque se convirtió en un caballo! Mika, afortunadamente, sigue con nosotros aunque vive en casa de mis suegros, en un patio grande en el que puede hacer travesuras y correr por el campo dando largos paseos con mi suegro. De Perla nos enteramos que la familia que preguntó por ella tampoco se la llevó y que a los pocos días la perra empezó a vomitar sangre porque tenía un virus y tuvieron que sacrificarla sin remedio.

 
Cuando mi marido buscaba piso yo solo me preocupaba de que tuviera espacio suficiente como para tener a un perro. Al mes de estar en el piso me bajé hasta Úbeda (Jaén) para traer a una perrita preciosa que me enamoró desde la primera foto que me mandaron y a la que llamé (sí, lo decidí yo) Noa. Noa fue una niña peluda que nunca fue perra, más bien era una niña metida en un cuerpo de perro porque entendía todo lo que decíamos y tenía carácter. Era lista, dinámica, inteligente… ¡Siempre atenta y siempre fiel, aunque cuando se enfadaba porque algo no le gustaba se meaba en el salón mirándote a los ojos! 
 A los dos años de tenerla, decidimos tener otro perrito también pequeño para que pudiera jugar y tener un compañero a su lado 24 horas al día, también mientras nosotros trabajábamos. Fue entonces cuando llegó a nuestra vida Tiza, una perra andaluza también que había sido atropellada y que le faltaba un trozo de fémur, por lo que es coja. En principio me gustaba el nombre de Tara para ella, pero cuando vi la cojera pensé que ponerle Tara era tener muy mal gusto. 
Noa estuvo tres días sin mirarnos y sin hacerle ni caso, pero al cuarto día decidió perdonarnos y hacerle un hueco en su cama y en su corazón. Nunca la dejaba sola y, cuando la operaron para quitarle el trozo sobrante de fémur que no había encajado en ningún lado, ahí estuvo a su lado para que no corriera (era una cachorra con 4 meses, imaginaos). Y cuando se luxó la rótula, también estuvo a su lado. Siempre estaba pendientes la una de la otra. Y siempre atentas a nosotros. Noa ayudó a Tiza a sobreponerse de esta “discapacidad” y si Tiza puede correr tanto y saltar como si no le pasara nada, fue porque Noa la animaba a correr, a moverse por el campo y perseguir conejos (que, a veces, eran más grandes que ellas).
Cuando nació Álvaro, mi hijo mayor, Noa también estuvo unos días sin mirarme. Siempre le han costado los cambios y traer un bebé humano fue mucho para ella. Tiza, sin embargo, se tumbó al lado de la cuna del bebé y ahí se quedó. Noa aprendió a ver a Álvaro y a quererlo y dejarse achuchar por él, pero siempre que podía escapaba de sus garras. Tiza, para eso, ha tenido más paciencia. 
El día que me enteré de que estaba embarazada de Diego, Noa se escapó. Pasó todo el día fuera de casa porque se enfadó. Pensaría que dónde iba a quedar ella si volvía a traer otro bebé humano a casa. Afortunadamente, por la noche volvió y lloramos de alegría. Unos meses después la perdimos para siempre. No llegó a conocer a Diego. No llegó a comprobar que todos tienen sitio en nuestra casa y nuestra vida. Aun hoy la lloramos… Tiza también.
 

A los pocos días de perder a Noa, para no afrontar lo que había pasado, adoptamos otra perrita. ¡Otro caballo! Y no pudo quedarse en casa, claro. 50 m2 para Grapa eran demasiado pocos y, aunque era maravillosa con los niños, tuvimos que llevarla a la parcela de los abuelos para que tuviera espacio para correr, jugar y trepar. 
Tiza es la única que vive con nosotros ahora, aunque no descartamos tener otra perra pequeña. El tamaño, por el piso en el que vivimos, es importante. Tiza pesa 5 kilos y es un amor de perra, de verdad. Es buena, tranquila, paciente… ¡tuvo sus momentos de no querer volver a casa porque le encantaba estar en el campo pero pasó! Ha liado algunas averías pero ahora son anécdotas. Ahora doy las gracias por haber adoptado a todas estas perras, por el tiempo que han estado o están con nosotros; por todo lo que nos han enseñado, en especial a mí, que me han enseñado a valorar el día a día, porque nunca sabes cuándo se termina la historia. Para mí tiene muchas cosas positivas que mis hijos crezcan con mascotas. Por eso tenemos perro, pájaro y peces… Ven la vida y la muerte, son procesos normales y naturales que deben afrontar en su vida. Deben aprender de los perros a tener paciencia con los pequeños, a ser atentos con la familia, a ser leales… Ahora miro a Tiza y le doy las gracias por seguir con nosotros. Gracias a los abuelos (paternos y maternos) por cuidarnos a Mika y a Grapa, no os podéis quejar porque son guapísimas. Y gracias a Lula y a Noa por haber sido estrellas fugaces que nos hicieron querer el mundo animal. 
Os dejo unas fotos de Álvaro con las perras. No puedo poner muchas porque en casi todas sale de frente y ya sabéis que intento proteger su imagen y que no salga su cara… ¡Manías que tiene una!

¿Y vosotros creéis que es importante que los niños crezcan con mascotas? ¿Tenéis animales en casa? ¿Cuál ha sido vuestra experiencia? ¡Gracias por comentar!
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